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Institución de la Cena del Señor, 1 Co 11:23-26 (Mt 26:26–29; Mr 14:22–25; Lc 22:14–20)

11:23,24 “Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; 24y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. 25Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.  26Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga”.



Este fue posiblemente el primer pasaje que apareció sobre la institución de la Cena del Señor, o en fecha muy cercana a los primeros evangelios que circularon. Se puede decir que las instrucciones de Pablo son valederas para todos los tiempos.

Recibí y enseñado, dos inflexiones verbales que indican la forma de enseñanza de los judíos. Aquí pueden surgir dos interpretaciones:

a. Que Pablo recibió lo que enseñó en este caso particular, de parte de los apóstoles que impartieron el sacramento primero que él, probablemente en Antioquía, antes de sus viajes misioneros. Recalcando claramente que no es la pascua judía, sino la conmemoración del sacrificio de Cristo en la cruz. El apóstol no instituyó la Cena del Señor, solo escribió las normas o el orden para llevarla a cabo.

b. La segunda posibilidad, es la de que Pablo recibió las instrucciones directamente del Señor, como muchas otras que el libro de los Hechos y sus epístolas mencionan. Varios comentaristas se inclinan en este caso, por la primera.

La noche que fue entregado, el apóstol menciona en Romanos 8:32, “que Dios entregó a su propio Hijo por amor a todos nosotros” y allí Jesús a unas horas de su partida, “tomó pan y habiendo dado gracias, lo partió” .La palabra gracias, proviene del griego eukaristein, “eucaristía” en español; un término que la iglesia popular usa cuando se consagra el pan y el vino en una misa y algunos evangélicos también mencionan. Jesús seguía la tradición judía de dar gracias a Dios por los alimentos antes de comer, que la iglesia practica desde entonces. (ver comentario de Marcos 14:22-25) “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre”. El pacto es un compromiso en el que los involucrados aceptan respetar los términos acordados y el cumplimiento de ciertas pautas.

Dios tenía un antiguo pacto con el pueblo de Israel basado en la ley de Moisés, para que este pacto continuara el pueblo tenía que cumplir con la ley (Ex 24:1-8), con el nuevo pacto Jesús establece una nueva relación que no depende de una ley escrita, sino va más allá, Dios ofrece como parte de su pacto a su propio Hijo Jesús,ya no la sangre de corderos. Le corresponde ahora al hombre cumplir con su parte. Con el nuevo pacto “la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado”. (Jn 1:7; Ap 1:5)

Haced esto en memoria de mí. Esta frase toma suma relevancia pues no es solo un recordatorio sobre la persona de Jesús. La Cena del Señor es una conmemoración que hacen los creyentes del sacrificio, muerte, resurrección y segunda venida de Cristo. El pueblo cristiano realiza este acto en comunión unos con otros, donde cada uno come el pan y el vino recordando la libertad que Cristo dio y la gloriosa esperanza que un día no muy lejano en el cielo junto con Él se estará haciendo esta conmemoración. Frase que solo menciona Lucas (ver comentario Lc 22:14-20).

El nuevo pacto ya había sido profetizado por el profeta Jeremías (Jer 31:31-34) pues el pacto hecho con el pueblo de Israel cuando salieron de Egipto ya quedaba invalidado, en el nuevo pacto no sería necesario que nadie le enseñara los estatutos a los demás, porque en el nuevo pacto la ley estaría en la mente y escrita en el corazón. Dios ya no quería sacrificios y holocaustos, no más derramamiento de sangre, ni arroyos de aceite, el profeta Miqueas dice (Mi 6:6-8) Lo que pide Jehová solamente era hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante él.

La parte escatológica en este fragmento está al final “hasta que el venga”, una esperanza viva y gloriosa. No es vano el trabajo, la comunión entre los creyentes, pues el vendrá como lo prometió.

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