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El Señor resucitó, 1 Co 15:1-11

15:5-11 “y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí. Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo. Porque o sea yo o sean ellos, así predicamos, y así habéis creído.”


El apóstol Pablo continúa reforzando su argumentación incorporando a más importantes testigos de este glorioso evento: “apareció a Cefas, y después a los doce, a más de quinientos hermanos a la vez,…después apareció a Jacobo;”. Más de quinientos testigos y Jacobo el hermano de Jesús (que en un principio no creía en Él) son testigos de mucho peso. El apóstol culmina introduciendo su propio testimonio, el cual es de extraordinario valor porque Pablo era un perseguidor de Jesús, él mismo dice: “porque perseguí a la iglesia de Dios.” Se repite lo mismo en su encuentro con el Señor “y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hch 9:4). El valor del testimonio de Pablo es claramente visible por el impacto causado en su vida; de perseguidor se convierte en predicador incansable del evangelio de Jesús, hasta llegar a dar su vida por Él. Menciona su indignidad: “como a un abortivo, me apareció a mí” ( la Biblia NVI traduce; “como a uno nacido fuera de tiempo”) …porque yo soy el más pequeño de los apóstoles;”. Incluye ahora a los creyentes corintios: “Así predicamos, y así habéis creído.”

Nota histórica

Era necesario probar históricamente la resurrección física del cuerpo, para evitar la influencia de corrientes doctrinales o filosóficas de esos días, como le sucedió al apóstol durante el sermón en la colina de Marte en Atenas (interior del Areópago): “Pero cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: Ya te oiremos acerca de esto otra vez.” (Hch 17:32) Jesús mismo también fue confrontado por los saduceos: “Aquel día vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron, diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y levantará descendencia a su hermano…en la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer, ya que todos la tuvieron?” (Mt 22:23-28)

Hasta este punto el apóstol Pablo ha probado con testigos de primera mano el hecho irrefutable de la resurrección de Jesucristo. Se han sentado las bases de valor apologético (fundamentos de la verdad) que servirán para enfrentar corrientes doctrinales, filosóficas o de cualquier índole, que se digan y que apoyen falsas enseñanzas que contradigan la verdad.

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