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Lo débil y necio escogió Dios para avergonzar a los sabios y fuertes. 1:26-31

1 Corintios 1:26-31
“Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; 27sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29a fin de que nadie se jacte en su presencia. 30Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; 31para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor”.


Para rematar el capítulo, Pablo lanza una advertencia: mirad. Esta palabra es semejante a decir “el que tiene oído oiga”, llama a prestar atención a lo que viene adelante. El apóstol hace hincapié en la vocación, es decir, el llamado que el Señor nos ha dado, para ello no se requiere ni ser filósofo ni ser noble “según la carne”, es decir, del linaje puramente humano.

No sois mucho sabios.
No sois muchos poderosos.
No sois muchos nobles.

De nuevo una triada, que cual juego de palabras hace énfasis en algo: que no depende de nuestra habilidad en filosofar o de la cuna en donde nacimos (si fuera cuna rica tendríamos entonces excelentes maestros que nos darían ventaja a la hora de debatir con los griegos). No somos “tan sabios” como estar al nivel de los griegos. No somos tan poderosos como para ser aceptados en los palacios de los reyes. No somos tan nobles (gr. eugeneis) “buen nacimiento” o “buena cuna” para que nuestra familia tenga influencias en la sociedad pagana. Nosotros dependemos de Dios.

Dios escogió lo necio de este mundo. La palabra es la misma que en el v. 25 cuando se traduce insensato, en gr. morós, algo tonto o estúpido. Nosotros somos parte del sistema del Señor para redimir. Somos lo que Dios usa como algo tonto para el mundo, pero que con nosotros Dios desafía y avergüenza lo sabio del planeta, esto es algo maravilloso.

Lo vil (gr. agenés, “de cuna humilde”) escogió Dios, y menospreciado para deshacer lo que sí es. Es así que nadie debe jactarse de ser algo, puesto que claramente se muestra que el evangelio penetra fácilmente donde están los parias, lo que nadie escogería, de cuna vil, y el Señor eleva a estas personas para ser heraldos del mensaje, sería un ejército débil, menospreciado y vil que anunciaría con poder y sabiduría la salvación a todo hombre, así, nadie puede jactarse en su presencia, es decir que no se levantó esta doctrina de Cristo gracias a las habilidades de elocuencia de un filósofo o a las influencias de alguna familia con prosapia, sino que de entre los escombros miserables se ha levantado un poderoso cuerpo al que Dios llama iglesia. Nadie debe ser presumido por ello.

En una expresión con más carga veterotestamentaria, Pablo señala lo que Dios nos ha dado a través de en esta “locura” del evangelio: Sabiduría, justificación, santificación y redención, no es algo que nos hayamos ganado, es algo que recibimos por pura gracia y amor. El evangelio es tropiezo al judío por tener un fundador crucificado y eso era algo abominable a los hijos de Israel (Gal. 3:13); para el educado griego (o cualquier gentil de aquella época) la iglesia eran los tontos enajenados y salvajes, por lo tanto los cristianos ni eran aceptados en la sinagoga ni eran aceptados en los círculos elitistas de los gentiles. Sin embargo, esa locura y debilidad le proporcionó a la iglesia cuatro bendiciones por siempre buscadas por los judíos y gentiles:

• Sabiduría (buscada desesperadamente por los gentiles);
• justificación (reconciliación) tan anhelada por los judíos;
• santificación, algo que el pueblo de Israel trataba de manifestar desde su comida kosher hasta evitar entrar a casa de un gentil;
• y redención, es decir, Dios nos volvía a comprar para su gloria. Nada de estas bendiciones provinieron del mundo filosófico del gentil ni de la disciplina rigurosa del judío, todo vino gratis, en una acción que sólo se puede clasificar como “locura del evangelio”.

El que se gloría, gloríese en el Señor (v. 31), esta es una cita parafraseada (muy al estilo paulino) del Antiguo Testamento: Más bien, alábese en esto el que se alabe: en entenderme y conocerme que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra. Porque estas cosas me agradan, dice Jehová. (Jeremías 9:24). Si alguien se alaba debe entender que la gloria es del único que la merece. Todo lo hermoso que se ha obtenido por la iglesia es porque su Señor así lo ha determinado. Nadie debe tomarse un poco de crédito, ni decir que por su humana sabiduría, su poder monetario o su alcurnia la iglesia ha crecido, no, antes bien, Dios usará lo peor de la comunidad para demostrar cómo un evangelio aparentemente de locos, puede transformar a una familia, a una ciudad y a la sociedad entera. La gloria siempre sea para el Señor.

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