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Tres tipos de espíritus

2:11-13 “Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. 12 Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, 13 lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual”.


Haciendo una útil comparación, que ayuda mucho a la teología en general, Pablo continúa esta hermosa explicación sobre lo que busca el hombre como “sofía” y lo que Dios da como “sofía”. El paralelismo se basa en que sólo el hombre conoce al hombre, y sólo Dios Espíritu conoce a Dios Padre. Desde luego la comparación tiene un límite importante: ningún hombre conoce ni conocerá las “cosas” de Dios. La palabra “cosas” no aparece en el texto griego, se usa para que la expresión no quede sin entender, lo que nadie conoció son “los profundos de Dios” como lo hace el Espíritu Santo.

Nota teológica: La palabra para “conocer” más difundida en griego es “ginoskoo” que aparece 223 veces en el Nuevo Testamento, en cambio en el v. 11 se usa para “conocer” la palabra griega “oida” que tiene que ver con conocer familiarmente, tanto los gustos como los detalles de la personalidad del que se conoce. En Mateo 6:8 dice que el Padre “sabe” lo que necesitamos realmente tal como lo hace un padre con sus vástagos. En Mateo 25:26 el padre de familia recrimina al siervo negligente que lo acusó de ser duro diciéndole “sabías (oida, en griego) que siego donde no sembré” dando a entender que conocía los aspectos del carácter de su amo.

En el v. 12 Pablo hace un tremendo énfasis, de nuevo menospreciando la “sofía” de los gentiles; el apóstol dice que “nosotros no hemos recibido (gr. agarrado, como si fuese tabla de salvación) el espíritu de este mundo”, la sabiduría de que tanto alardeaban los griegos es despreciable ante la fe, no al revés. De nuevo, jugando con las palabras, en un breve retruécano Pablo dice:

No, el pneuma (espíritu) del mundo.
Sí, el pneuma (espíritu) que proviene de Dios (el Espíritu Santo, por supuesto).

Continuando con la idea también se puede observar una tríada de “espíritus”: el del hombre, el del mundo y el de Dios. Esta tripleta de espíritus son diferentes uno de otros, pero sirven para enfatizar una enseñanza útil sobre el origen de cada una de las “sofías” o conocimientos, que se han venido manejando desde el inicio del capítulo.

Nota Doctrinal:

Existen dos posturas respecto a la naturaleza del hombre, la dicótoma y la tricótoma. La postura dicótoma enseña que el hombre está compuesto de una parte material y de otra inmaterial; la parte material son los huesos y la carne, con su sangre y músculos; la parte inmaterial es el espíritu o alma no haciendo diferencia entre estos dos. La postura tricótoma enseña que el ser humano está compuesto de cuerpo, alma y espíritu, tres partes; donde alma y espíritu son diferentes aspectos de la naturaleza del hombre. Esta última postura es la más ortodoxa y se basa en abundantes versículos, especialmente en la doxología de 1 Ts. 5:23 donde se mencionan las tres. El alma siempre se relaciona a los sentimientos, emociones y voluntad; en cambio el espíritu se relaciona más a intuición, conciencia y comunión.

En cuanto a los seres celestiales, al hablar de ellos, se usa el término “espíritu” (el diablo, los ángeles son espíritus) y nunca se menciona que sean almas; en cambio el hombre se menciona con ambos componentes. Cuando la Biblia le atribuye a Jehová un alma, es sólo un antropomorfismo,(una semejanza con el hombre) ya que el mismo Jesús afirmó de su Padre que era espíritu (Jn. 4:24).

Un punto más, los hebreos usaban muchos semitismos (palabras propias del hebreo). Muchas veces usan la palabra “espíritu” para referirse a una actitud, como por ejemplo “espíritu de error” (1 Jn 4:6), el texto se refiere más bien a tener una actitud o propósito de engañar, más que a un mal espíritu.

Para Meditar:

Cuando el apóstol escribe “para que sepamos lo que Dios nos ha concedido” está haciendo hincapié en que el Espíritu Santo nos enseña a entender lo que viene de Dios; la victoria y doctrina que provienen del cielo se pueden discernir gracias a la labor del Espíritu, de otro modo el error estaría campeando en la iglesia y ésta ya hubiera sucumbido. Siempre se recomienda que antes de cada actividad del pueblo de Dios se invoque al Espíritu Santo para que bendiga y guíe lo que se va a realizar, para que así se evite cualquier extravío y la verdad brille como la luz del día.

13 “lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual”.

Un vislumbre del griego: De nuevo la palabra “sofía” (sabiduría) aparece. En todo 1 Corintios “sofía” aparece 17 veces, y en el capítulo dos aparece siete veces. La palabra “espíritu” (gr. pneuma) aparece 41 veces en toda la epístola, y en el capítulo dos Pablo la usa nueve veces, el adjetivo “espiritual” (pneumátikos) se cita tres veces en el capítulo haciendo un total de 12 veces la palabra relacionada al tema del espíritu; así, podemos notar que el binomio “sofía-pneuma” domina este capítulo haciendo así una yuxtaposición para definir bien lo que se está conociendo, que viene de los cielos y no por deducciones de hombres.

La expresión “acomodando” (gr. syncrinontes) se usa solamente tres veces en el Nuevo Testamento y sólo para los corintios (una vez en 1 Corintios y dos veces en 2 Corintios) así es exclusiva de Pablo; esa palabra debe entenderse como “interpretando” o lo espiritual a lo espiritual.

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