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Amonestaciones contra la fornicación 1 Co 6:5-11

6:12-20 Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen, todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna. Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para fornicación, sino para el Señor, y el Señor para con el cuerpo. Y Dios quien levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo. ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne. Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él. Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.




Se puede mirar a Pablo comenzando con un lema. “Todas las cosas me son lícitas”, el cual refuta en forma de refrán: “mas no todas me convienen”, “mas yo no me dejaré dominar por ninguna”. Se cree que el lema era un dicho popular entre los filósofos de aquel entonces. Los pensadores, en ese contexto histórico y geográfico, sostenían que las relaciones sexuales fuera del matrimonio no eran incorrectas siempre y cuando no tomaran control de la persona. En ello se puede mirar un tipo de dualidad entre el mundo material y espiritual, lo que hace pensar que se trataba de un lema gnóstico.

En todo caso, el lema no estaba del todo incorrecto, es verdad que siendo parte del cuerpo de Cristo y estando en comunión podemos disfrutar de todas las buenas cosas. Sin embargo, los corintios habían llevado su libertinaje demasiado lejos al cometer actos de inmoralidad sexual fuera del orden establecido por Dios.

Existe un juego de palabras en el griego para la afirmación y la segunda refutación. La palabra “lícito” o “exestin” se trataba de un verbo, presente, activo que mostraba una autoridad, la autoridad para realizar cualquier cosa que una persona deseara. Sin embargo, Pablo establece una contra parte, de “todas las cosas” que me son “lícitas”: - Yo no me dejaré “dominar por ninguna”. A pesar de la fuerza con que este lema parece tener en su idioma original, el contraste que el apóstol establece es de completa abstinencia al pecado y de rechazo a la cultura común y pagana que se estaba propagando en la iglesia.

El segundo caso se trataba de un proverbio que emanaba sabiduría Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas. No hay nada de malo en saber que la comida es para el estómago y el estómago para las comidas, de hecho, es la realidad. El proverbio se convertía en una analogía típica para decir “el cuerpo es para el sexo y el sexo para el cuerpo”, ¿existiría algún problema con esto?, como el buen Pablo diría: ¡de ninguna manera! Pero no es diferente la actitud de Pablo ante este otro dicho popular, mas bien, refuta nuevamente la mala concepción de los corintios ante el proverbio.

“… pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para fornicación, sino para el Señor, y el Señor para con el cuerpo”. Todo se relaciona a lo mismo, la fornicación se solapaba con esta clases de razonamientos filosóficos de la época. Esto hace a Pablo recordar a la iglesia corintia el orden en que cada una de estas actividades se debía realizar. Las relaciones sexuales así como los alimentos, no son malas ni algo dañino siempre y cuando estén en los límites de los mandatos de Dios.

Algunos otros filósofos griegos se aventuraban a una vida de lascivia sexual porque pensaban que uno ya no tendría más uso del cuerpo al morir. Pablo siendo judío fariseo, desde un principio reconocía la verdad de la resurrección, y ahora estando al servicio del Mesías su esperanza era enseñada a todo pagano que se convertía a Cristo. Pablo era fiel defensor de la unidad del hombre, y al contrario como muchos otros creen nunca cambió su forma judía de concebir la estructuración del cuerpo humano, su alma y su espíritu como en una sola entidad que sería redimida (antes por guardar la Torá, ahora por la fe en Cristo).

Pablo siendo monoteísta y siervo del Dios verdadero y único concebía que el paganismo era un tipo de “parodia” de lo real de la creación. Los dioses falsos, los excesos, las inmoralidades, todo ello era una caricatura para su pensamiento fariseo. Él nunca dejó de ser celoso, sólo que su celo ahora era para presentarse como un heraldo del Cristo crucificado que abrió camino para todo gentil. Para el apóstol la fornicación y la idolatría eran una forma falsa de disfrutar las cosas que Dios había regalado al hombre, estas actividades corrompen al ser humano y dañan aun más su imagen y semejanza con el Creador. Recalca de nuevo que el cuerpo le pertenece a Cristo, y Cristo es para el cuerpo. “Ya no vivo yo, sino Cristo vive en mi”, “Poned vuestro cuerpo en sacrificio vivo”. Ahora todo ser humano que llegaba a ser parte del pacto tenía la responsabilidad de mantenerse firme en su fe y resguardando su vida de los placeres carnales Y Dios quien levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder. Esta afirmación complementa lo anterior planteado. El pensamiento del cristianismo era distinto al dualismo griego, todo ser humano dentro del nuevo pueblo de Dios debía entender y concebir que su futuro se encuentra en la resurrección (por ello mismo se rectificó el porque Pablo no habla de la destrucción del cuerpo, sino del estómago y las viandas).

Las preguntas retóricas se hacen de nuevo ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo. ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne. Como anteriormente mencionamos, el cuerpo físico del creyente es miembro de Cristo. El Señor usa nuestros cuerpos para la proclamación del evangelio, todo lo que daña el cuerpo físico es contrario a la voluntad de Dios, y con esto Pablo tocando el punto de la fornicación se remonta a Génesis 2:24. En la relación sexual las almas se vuelven una y el matrimonio llena de esplendor dicha unión, cuando se trata de ser una sola carne, el cuerpo está cumpliendo su función natural. La unión espiritual en el matrimonio es el plan de Dios original para todo ser humano, pero si ellos recurrían a prostitutas y mujeres por doquier ¿cómo quedaba dicho regalo de Dios?, desvalorizado por cierto, y lo que se convierte en ornamentos de la vida, se vuelve perdición para el hombre. Por todo Pablo les exclama en imperativo: ¡Huid de la fornicación! Siendo templos del Espíritu Santo después de ser comprados por precio, nos toca honrar a Dios, pues el que fornica, contra su propio cuerpo peca. No hay dualismos, somos uno en Cristo y toda parte de nuestro cuerpo debe honrar y glorificar al creador.

Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca, efectivamente, todo es pecado, pero la fornicación daña todo lo interno, afecta la visión espiritual y entenebrece el juicio.

Para Meditar

somos templo del Espíritu Santo, nuestro cuerpo ya no es nuestro desde el momento que venimos a Cristo y él nos ha comprado, no tenemos derecho a profanarlo cuando seducidos cayéramos en la fornicación. En el griego existen dos palabras para “templo”: ierón y naós. La primera (ierón) se refiere al edificio del templo, la segunda (naós) ser refiere a donde mora el dios de ese templo. Este pasaje indica que somos “naós” del Espíritu Santo, es decir, somos parte del Gran Templo que es el mismo Dios, donde fuéremos llevamos la influencia del Dios viviente y no debemos profanarlo con nada. Por si eso fuera poco, Pablo añade que es el Señor el verdadero dueño de nuestro cuerpo, pues ya no nos pertenece. Somo comprados por precio, esta palabra indica que tenemos un gran valor, esta palabra se usa en Juan 4:44 cuando indica que no hay profeta “sin honra”, “sin precio”, eso muestra el gran valor subjetivo que el Señor puede ver en nosotros. Muchas personas se sienten carentes de valor alguno, pero Cristo nos revalúa y ahora tenemos precio verdadero.

Al final al apóstol nos ordena que debemos “glorificar a Dios en nuestros cuerpos” eso sólo puede significar que cuando obedecemos la Palabra y sujetamos la carne se da gloria al Señor de Señores. Obedecer siempre trae grandes bendiciones al que lo practica pues por un lado muestra lo que el poder de Dios puede lograr en las personas caídas pero ahora transformadas, y por el otro lado es el mismo practicante de la ley del Todopoderoso que es edificado, liberado y santificado. Quizá la vida de santidad que Pablo les pedía a los corinitios era algo que causaba la burla de los lascívicos pobladores de esa gran ciudad, sin embargo era algo importante obedecer los preceptos pues sólo así la salvación se mantendría en la vida de estas personas y el pecado no terminaría con la vida de la iglesia.

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