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Problemas del matrimonio mixto 7:10-16

7:10-16 “Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido; 11 y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer. 12 Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. 13 Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone. 14 Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos. 15Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios. 16Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer?”




Se debe recordar que Pablo está contestando a las cosas que me escribisteis, ahora contesta la siguiente cuestión. Ordena a los casados no divorciarse, pero aquí empieza con la esposa. ¿Influyó alguna mujer griega en la carta que los corintios le habrían enviado?, es muy probable, puesto que los judíos poca importancia le daban a la mujer en cuestiones de divorcio; era normal que los hombres fueran los interesados en separarse, sin embargo, aquí se muestra que el apóstol de los gentiles no era misógino, pues le indica a las féminas que ellas no hagan algo como separarse de su esposo, especialmente, aquellos que eran inconversos.

Si la relación de una mujer cristiana con su esposo inconverso era algo insoportable entonces le ordena a la esposa que se quede sin casar si es que tomó la decisión de separarse, o que con el tiempo se reconcilie con su esposo original.

Pasa a mencionar a los esposos creyentes que tenían una esposa inconversa, instándolos a que no deben abandonar esa relación. Se pudo imaginar a muchos hombres astutos que escudándose en la fe abandonarían a su primera esposa por “pagana” y tomarían a una joven de la congregación con la excusa de que ahora sí formarían un hogar cristiano. De un plumazo Pablo arregla eso y a ambos consortes les ordena que sigan juntos o cuando menos si están separados no se vuelvan a casar.

Continúa el apóstol enseñando sobre los matrimonios mixtos y es enfático, no se deben separar sólo porque tienen un cónyuge no creyente; deben ser fieles en esos casos, si ella o él, según sea, tienen la inclinación a continuar en el vínculo matrimonial el creyente debe continuar bien casado. Los términos “santificado” y “santo”, no significan “salvos”, como lo demuestra el versículo 16. Es decir que, habiendo una influencia cristiana, habrá un impacto moral y espiritual en toda la familia, que puede llevar a una salvación personal.

Para Meditar

tomando en cuenta esto se puede entender que cuando un consorte impío recibe a Cristo, inmediatamente empiezan las bendiciones sobre toda la familia. Es decir, Dios santifica lo que el creyente toca, y el esposo o esposa pagano empieza a recibir la poderosa influencia del que ha sido limpiado por el Señor, inclusive los hijos que ahora tienen reciben bendición de parte del progenitor que ama al Salvador. El cónyuge pagano podría venir a los pies de Cristo por la influencia de su consorte creyente y los hijos empezarían a crecer bajo los preceptos de la Palabra y serían santos; sin embargo, si se separa el creyente eso dañaría a los hijos al grado de hacerle a ellos aborrecible la fe que separó a sus padres.

Se agrega una buena posibilidad: “puedes hacer salvo a tu marido o a tu esposa”. El buen comportamiento y la vida de santidad terminan por doblegar al corazón más endurecido. Si un creyente lucha por su matrimonio puede lograr ganar a su cónyuge para Cristo, esa es la verdad.

Si el consorte impío no quiere vivir con su esposa creyente por la razón que sea Pablo afirma que en ese caso puede haber separación real, incluso divorciarse, pues el querer sostener la relación con una persona violenta y obstinada puede llevar a consecuencias graves, pero la idea del divorcio, si bien no está prohibida totalmente, debe ser la última de las opciones.

“Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios”. (1 Co 7:15)

DECLARACION SOBRE EL DIVORCIO Y UN SEGUNDO MATRIMONIO
Aprobada por el Presbiterio General de Asambleas de Dios en USA en 1973 y revisada por dicho Cuerpo en agosto de 2008

Dado que, en los tiempos actuales, las infidelidades y separaciones se han multiplicado alarmantemente, incluyendo a los cristianos evangélicos, el Presbiterio General de Las Asambleas de Dios en los Estados Unidos, aprobó una declaración de 17 páginas sobre el divorcio y el derecho a un segundo matrimonio. Dicha declaración es parte de las llamadas Normas Doctrinales que el Concilio ha aprobado para que dirijan la vida de las asambleas locales. (Como se sabe a partir de su formación en 1914, Asambleas de Dios formuló una lista de 16 doctrinas fundamentales, que son la base de su fe, guardadas también por los concilios nacionales de 213 países del Mundo. De tiempo en tiempo el Presbiterio General aprueba y actualiza ciertas normas aplicables a la conducta, de los creyentes en los Estados Unidos, que pueden ser válidas para los concilios nacionales de otros países. Es relevante mencionar que la membresía mundial de Las Asambleas de Dios asciende a 67 millones).

Después de un amplio análisis de este difícil asunto, el documento incluye:
1. Una declaración citando los principios bíblicos, del A.T. y del N.T. sobre la naturaleza del matrimonio.
2. Un estudio sobre la naturaleza del divorcio, con citas de lo dicho básicamente en el Pentateuco y lo enseñado por el Señor Jesús y el apóstol Pablo.
3. El derecho a un segundo matrimonio, citando Deuteronomio 24: 1-4; Mateo 5:32,19:9; Marcos 10:11,12; Lucas 16:18; 1 Corintios 7:15,7:27-28 y 7:39. Al respecto, el Artículo IX, Sección 5 del Reglamento del Concilio General, USA aclara: “Desalentamos el divorcio y toda enseñanza que lo justifique. Rotundamente desaprobamos que los cristianos se divorcien por ninguna causa, excepto por fornicación y adulterio (Mateo 19:9). Donde existan estas circunstancias excepcionales o cuando el cónyuge de un cristiano se haya divorciado de él o de ella, recomendamos que el asunto de segundo matrimonio sea resuelto por el creyente a la luz de la Palabra de Dios (1 Corintios 7:15,27,28).
4. El documento agrega una sección sobre el lugar que se debe dar en la iglesia a divorciados y a personas que se vuelven a casar. Se enfatiza que se debe pensar en las primeras víctimas del divorcio -el cónyuge y los hijos- contra quienes se ha pecado y que han sido profundamente heridos y necesitan un cuidado especial dentro de la congregación cristiana.
(Se invita a consultar la totalidad del documento)

Es importante agregar que Dios aborrece el divorcio. Una fuerte declaración sobre esa actitud divina la contiene Malaquías 2:14-16. Posteriormente Jesús recalcó esa idea en Mateo 19:6, “por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” en respuesta al argumento de los fariseos, de que Moisés mandaba que se le diera carta de divorcio a la esposa cuando se le repudiaba (Dt 24:1-4). El Señor Jesús otorga una licencia, ante la triste condición del ser humano, que no es un mandato. En Mateo 5:32 y 19:9, afirma: “yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera, y el que se casa con la repudiada adultera”.



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