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Respecto a la conciencia sobre comer lo ofrecido a los ídolos. 8:7-13

8:7-13 “Pero no en todos hay este conocimiento; porque algunos, habituados hasta aquí a los ídolos, comen como sacrificado a ídolos, y su conciencia, siendo débil, se contamina. 8Si bien la vianda no nos hace más aceptos ante Dios; pues ni porque comamos, seremos más, ni porque no comamos, seremos menos. 9Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles. 10Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un lugar de ídolos, la conciencia de aquel que es débil, ¿no será estimulada a comer de lo sacrificado a los ídolos? 11Y por el conocimiento tuyo, se perderá el hermano débil por quien Cristo murió. 12De esta manera, pues, pecando contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis. 13Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano”.



No se debe pasar por alto la importancia que tiene en la Biblia evitar la contaminación derivada de comer lo ofrecido a los ídolos. En Hechos 15:29 claramente se muestra que a los creyentes gentiles se les prohibió comer lo que se ofrecía a los ídolos, como los creyentes judíos lo había cumplido siempre. En Apocalipsis 2:14 y 20, el Señor denuncia que sus siervos estaban mal al comer lo sacrificado a los ídolos; era tan serio el problema que se presentó en las iglesias de Pérgamo y Tiatira, donde una Jezabel en cada una de ellas, hacía que los creyentes tropezasen en inmoralidad sexual y comida contaminada. Por ello este pecado no debía ser tomado a la ligera, ya que no se trataba de un problema pequeño, sino de algo que tendría repercusión por siempre.

El conocimiento verdadero enseña que sólo hay un Dios, el Padre; y un Señor, Jesucristo. Este conocimiento bastaba por sí solo para mantener a los creyentes firmes sin temor a los ídolos mudos que los rodeaban. Así, no se preocupaban de comer o beber, ya que si no preguntaban de dónde provenían las viandas no habría delito que perseguir como lo enseñó más adelante, en el 10:25-28. Pero habría hermanos débiles que estarían temerosos por su conciencia, pensarían que cualquier alimento los condenaba y vivían atormentados por su debilidad; por ello el apóstol ruega por madurez, a los fuertes.

7Pero no en todos hay este conocimiento; porque algunos, habituados hasta aquí a los ídolos, comen como sacrificado a ídolos, y su conciencia, siendo débil, se contamina. La conciencia débil es terrible, y muchos creyentes nuevos así la tenían. Los cristianos de más tiempo quizá ya no sufrían por ello, pero sí muchos que se adherían a la congregación recientemente, dado que ellos conocían la proveniencia de los alimentos. Posiblemente veían a hermanos que tenían más tiempo y madurez comiendo esa misma carne que ya había sido ofrecida a algún ídolo y el hermano débil se afectaba, y aún podría alejarse de la congregación.

8Si bien la vianda no nos hace más aceptos ante Dios; pues ni porque comamos, seremos más, ni porque no comamos, seremos menos. Pablo aclara que comer carne o no, carece de virtud alguna. Comer o no comer, no hace al creyente ni más, ni menos ante el Señor. En realidad, no importa el alimento en sí, ni la acción de comer, lo que importa es la actitud de amor colectivo, mostrando si se ama a la congregación o a uno mismo.

Un análisis breve de estas cuestiones en Corinto y sus repercusiones en los tiempos actuales.

Razones por las que los cristianos debían abstenerse voluntariamente, de comer ese tipo de carne:
1. Preocupación por los demás, incluyendo a los “hermanos débiles”.
2. Por ser un obstáculo para la santificación cristiana. Romanos 14:15 refuerza lo enseñado a los Corintios: “pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor”.
3. Un pecado contra Cristo: De esta manera, pues, pecando contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis. El modo como se trata a los hermanos equivale a la manera como se trata al Señor. (Mt 10:42; 25:40).

Las aplicaciones de estos principios van mucho más allá de la carne sacrificada a los ídolos. Existen muchas “zonas grises” en la vida cristiana, que deben abordarse a la luz de éste y de otros pasajes bíblicos.

Deben evitarse dos extremos:
• La actitud de los “hermanos débiles permanentes” que siempre están prohibiendo actividades moralmente indiferentes (como el comer carne o no comer, mencionado en el v. 8) y aún otras.
• Las libertades de los “creyentes fuertes”, que pueden tener consecuencias perniciosas para el crecimiento espiritual y la maduración de los ”débiles” 9Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles. No solo refiriéndose a lo que se hace, sino a lo que no se hace, por ejemplo, la naciente actitud “occidental” de no guardar debidamente el domingo para la educación cristiana y la adoración, por considerarse cristianos fuertes que no lo necesitan mucho.

Conclusión: los “fuertes” no deben dañar a los “débiles” y éstos no deben acusar de pecadores a aquéllos.

Bien puede extrapolarse este principio a situaciones actuales como la del maquillaje, la vestimenta un tanto provocativa, escuchar cierto tipo de música, fumar o masticar tabaco (usar pipas sin tabaco), participar en loterías, practicar noviazgos carnales. Desde luego ese principio de moderación que presenta Pablo, no puede aplicarse al robo, las relaciones sexuales antes de casarse, la gula, las prácticas homosexuales, el uso de drogas etc. etc. que la Biblia considera pecaminosos.

Para Meditar

“Hacedlo todo para la gloria de Dios” en 1 Corintios 10:31 lleva al creyente a preguntarse si lo que está haciendo da gloria a Dios o no.

10 Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un lugar de ídolos, la conciencia de aquel que es débil, ¿no será estimulada a comer de lo sacrificado a los ídolos? 11 Y por el conocimiento tuyo, se perderá el hermano débil por quien Cristo murió. Imagine que un creyente pentecostal de América Latina que vino a Cristo rescatado del alcoholismo conoce a un creyente alemán que bebe cerveza en su mesa; para el alemán, esa es su libertad o derecho y no piensa en más nada, pero el creyente recién convertido latinoamericano que luchó contra los estragos que le causó el alcohol y ha renunciado a su uso, ve al creyente beber una cerveza y luego lo escucha predicando, enseñando o participando de un culto; eso puede llevar al débil a renunciar a la fe, porque sentiría decepción e hipocresía.

Pablo aclara que una de las consecuencias de esta decepción es estimular al hermano débil a comer de nuevo, de los sacrificado a los ídolos, es decir, a recaer en lo que antes ya había renunciado. El ex borracho ahora vuelve al licor pues su conciencia se contaminó, es decir, su corazón se decepcionó y regresó al mundo, el inflado conocimiento del creyente maduro terminó por hacer que un creyente débil lavado en la sangre de Cristo se perdiera.

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