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Por qué Pablo pospuso su visita a Corinto, 2 Co 1:12-24

 1:18-24 “Mas, como Dios es fiel, nuestra palabra a vosotros no es Sí y No. 19Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; mas ha sido Sí en él; 20porque todas las promesas de Dios son el él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios. 21Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, 22 el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones. 23Más yo invoco a Dios por testigo sobre mi alma, que por ser indulgente con vosotros no he pasado todavía a Corinto. 24No que nos enseñoreemos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo; porque por la fe estáis firmes”.


Teniendo a Dios presente, Pablo no puede actuar vacilante o carnal. La frase con la que inicia estos versículos es enfática: “Mas, como Dios es fiel”. El apóstol Santiago afirma: “Todo lo que es bueno y perfecto es un regalo que desciende a nosotros de parte de Dios nuestro Padre, quien creó todas las luces de los cielos. Él nunca cambia ni varía como una sombra en movimiento” (Stg 1:17 NTV). Para muchos, es común dudar de los demás, no tener confianza en otras personas, pero de Dios jamás se debe dudar. Tito 1:2 dice al respecto: “… en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, quien no miente, prometió desde antes del principio de los siglos”. Dios no puede mentir ya que la veracidad es parte de su naturaleza esencial. Si miente dejaría de ser Dios. El carácter de Dios es transferido a su Palabra Encarnada (Jn 1:14) y escrita (2 Ti 3:16; 1 P 1:21). 

Los versículos 18 al 22 forman un todo inseparable y representan una admirable refutación a la acusación que los enemigos del apóstol levantaron en su contra.

“y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder” (2 Co 2:4). Este pasaje muestra cómo el más pequeño acontecimiento en la vida de Pablo, todo pensamiento de su corazón y todo lo que hablaba, se relacionan con las profundidades de la Palabra del Creador y de la experiencia del cristianismo. Pablo no predicaba filosofías humanas, ni costumbres o tradiciones: La tarea de Pablo, como la de sus compañeros de ministerio, era predicar a Jesucristo y disfrutar sus efectos maravillosos. Así lo reafirma en 1 Corintios 2:2: “Más bien, al estar entre ustedes me propuse no saber de ninguna otra cosa, sino de Jesucristo, y de éste crucificado” (RVC). Jesucristo es la verdad Juan 14:6, y el perfecto cumplimiento de las promesas de Dios en el Antiguo Testamento. 

La expresión: “… son en él Sí, y en él Amén” Sí, representa la forma griega de afirmación y Amén, la hebrea; Pablo característicamente pone juntos los dos idiomas.

En los manuscritos originales se lee: “Por lo tanto por medio de Él, el Amén”; es decir, en Él hay fidelidad a su palabra. Esta palabra revela que Dios hace un juramento, que hace doblemente segura su palabra, sus promesas. Esto significa que todas las promesas que Dios ha hecho a la humanidad son Sí, verdaderas en sí mismas, y Amén, fielmente cumplidas para aquellos que creen en Jesucristo. Todas las promesas son hechas con referencia a Cristo, pues sólo en el sistema del evangelio se pueden tener promesas de gracia, y sólo en esta vía se puede obtener misericordia. Y esto para la gloria de Dios, por la locura de la predicación.  

Nota Doctrinal

En los versículos 21 y 22 aparece una vez más la Santísima Trinidad: 21Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, 22 el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones. Tal y como se menciona también en : Romanos 8:9; 2 Corintios 13:14 y 1 Pedro 1:2, lo cual confirma junto a otros pasajes de los evangelios que la iglesia del Nuevo Testamento creía en la Trinidad.

En el mundo antiguo el “sello” era una señal de seguridad, el cual confirmaba y validaba un documento (Ef 1:13). El Espíritu Santo selló a los creyentes el día de Pentecostés, y eso es lo que el Espíritu Santo hace todavía en nuestros días. El apóstol Pedro dijo: “Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare” (Hechos 2:39). 

Las “arras” es un término comercial que significa “deposito, seña o garantía”, y en el griego moderno un “anillo de compromiso”. Las arras son como esa parte del precio convenido que se paga anticipadamente y que ratifica un contrato. El Espíritu garantiza la seguridad del creyente en Cristo y las bendiciones plenas de la salvación. Pablo habla en Efesios con respecto a esto: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención” (4:30). Por lo tanto, el cristiano tiene ya en este mundo la vida eterna. El apóstol Juan lo afirma diciendo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda más tenga vida eterna” (Jn 3:16). 

Para Meditar

¡Gloria a Dios por las promesas que nos ha dado en la Escritura! Cada una de ellas son seguras, aunque nosotros no veamos su cumplimiento. El escritor de Hebreos 11:13 dice: “Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirando de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra”.

Nota Doctrinal

“Nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones”. La promesa del derramamiento del Espíritu Santo sobre toda carne (Joel 2:28), se experimenta actualmente. Él es “sello y arras” que nos garantizan:

• La presencia de Dios permanente en nosotros, si guardamos sus mandamientos y vivimos en santidad (He 12:14);
• Que le pertenecemos, que somos suyos, como dijo Jesucristo a sus discípulos: “yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano” (Jn 10:28); 
• El disfrutar de la vida eterna en esta tierra, pues ya la tenemos, puesto que el cristiano no muere, solo duerme, como expresa el apóstol Pablo en 1 Tesalonicenses 4:13-17: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, … también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. … y los muertos en Cristo resucitaran primero”.

El apóstol reanuda en el versículo 23 el tema que dejo en el versículo 16; y de la manera más solemne invoca a Dios para que atestigüe, que por ser indulgente con ellos no fue a Corinto en el momento que se había propuesto ir. Como había tantos problemas entre ellos, Pablo tendría que administrar castigos severos, entre otros, excomulgar a los que habían pecado y entregarlos a Satanás para la destrucción de la carne. Para darles tiempo de enmendarse y ver qué efecto producía su primera carta, se propuso retrasar su visita a Corinto.

Pablo, cuidadosamente, repudia todo deseo de enseñorearse sobre ellos. Les dice: “No que nos enseñoreemos de vuestra fe, sino que colaboramos para nuestro gozo…”. El Apóstol no iría para ejercer su autoridad apostólica castigando a aquellos que han actuado pecaminosa y desordenadamente, ya que esto sería para varios de ellos motivo de angustia, como amigos o parientes de los que habían actuado mal en la iglesia. Cual pastor amoroso Pablo deseaba promover el gozo, es decir, acrecentar la felicidad y madurez espiritual de los hermanos en Corinto, de modo que aprendieran a pararse firmes (Ro 14:4; 1 P 1:21). Cuando el apóstol corregía a los hermanos, no era para dominar sobre ellos, sino para ayudarles a perfeccionar sus vidas y así alcanzar el objetivo de todo cristiano: “llegar a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Ef 4:13). 

Para Meditar

La tarea del pastor y del maestro no es imponer creencias a otros, sino ayudar y capacitar a que ellos reflexionen y lleguen a entender la Palabra de Dios y sus principios, por ellos mismos; así como coadyuvar al desarrollo de la personalidad individual en el ámbito espiritual. Pablo sabía que como apóstol y maestro (1 Ti 2:7) nunca debía dominar, aunque a veces debía disciplinar y guiar. En todas sus cartas guía a las iglesias en doctrina y conducta. Por ejemplo:

• En 1 Ti 2:9 les dice a las mujeres como deben de ataviarse;
• En Efesios 4:21 al 6:4 habla de la vida familiar y sus roles; 
• En Filipenses 3:2 les habla del peligro de los falsos predicadores; 
• En Colosenses 1:15 habla acerca de la doctrina de la reconciliación por medio de la sangre de Cristo, etc. etc.  Éste es el trabajo del líder principal de una congregación y sus auxiliares. 

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