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La ofrenda para los santos 2 Co 8:1-24

8:10-15Y en esto doy mi consejo; porque esto os conviene a vosotros, que comenzasteis antes, no sólo hacerlo, sino también a quererlo, desde el año pasado. 11Ahora, pues, llevad también a cabo el hacerlo, para que como estuvisteis prontos a querer, así también lo estéis en cumplir conforme a lo que tengáis. 12Porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene. 13Porque no digo esto para que haya para otros holgura, y para vosotros estrechez, 14sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad, 15como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más, y el que poco, no tuvo menos”.


11Ahora, pues, llevad también a cabo el hacerlo…Pablo deseaba que esta iglesia sobresaliera en cuanto a ser desprendidos, realizando generosas donaciones. Él reconoce sus otros dones y quiere que también agreguen el don de la generosidad. Pablo tiene cuidado de evitar ordenarles que den, aunque él tiene toda la autoridad apostólica para implementar una orden, pero les presenta un desafío para probar que su amor es sincero y que pudieran expresar ese sentimiento de bondad hacia los que tienen necesidad como lo han hecho ya con su ministerio. 

El apóstol remarca el supremo y sublime ejemplo de Jesucristo al darse a sí mismo. La gracia de los macedonios es solo un reflejo de la gracia de Dios mostrada a través de su Hijo Jesús. Desde la eternidad Jesucristo era poseedor de todas las riquezas de la Deidad. Dios en Cristo Jesús tomó la decisión de encarnarse y “se hizo pobre”. El apóstol proclama el resultado glorioso de la pobreza de Dios en Cristo: “vosotros con su pobreza fuisteis enriquecidos”. Mateo 5:3, parte del Sermón del Monte, habla de la verdadera riqueza: “bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”

Pablo agrega que, si primero se tiene dispuesta la voluntad, y se da de acuerdo con lo que se tiene, eso será aceptable ante Dios. No tienen que dar más allá de los medios con que cuentan. Pablo otorga mucho crédito a los corintios en el sentido de haber sido los primeros en apoyar con todo entusiasmo la idea de la ofrenda para los santos. Fueron los primeros en comenzar la colecta misma.

El hombre de Tarso escribe sobre el principio de dar equitativamente. La base es una voluntad “dispuesta”. Luego es aceptable dar “según lo que uno tenga”; ésta es la medida para determinar la cantidad de la ofrenda. Los corintios estaban prosperando y tenían abundancia en ese tiempo; por lo tanto, apoyar a las necesidades de los santos pobres no sería causa de “estrechez” para proveer bienestar a los pobres de la iglesia judía. “para que la abundancia de ellos supla lo que a vosotros os falte” no implica que la iglesia de Jerusalén debía corresponder inmediatamente por las ofrendas monetarias de los gentiles. Si la situación entre los dos fuera alguna vez invertida, los judíos cristianos debían responder para llenar las necesidades de las iglesias gentiles. 

15como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más, y el que poco, no tuvo menos”. Este ilustre discípulo del gran rabino Gamaliel introduce una ilustración de la clase de igualdad que tiene en mente, con la experiencia de los que vivieron el éxodo. Cuando Dios proveía maná del cielo, “Y lo median por gomer, y no sobró al que había recogido mucho, ni faltó al que había recogido poco; cada uno recogió conforme a lo que había de comer”. (Éxodo 16:18). Las necesidades de todos fueron satisfechas, a nadie le hizo falta, nadie tuvo demasiada provisión. 

Para Meditar

Aunque los tiempos han cambiado, la Biblia siempre nos recuerda que es mejor dar que recibir. Las necesidades de diversas índoles siempre se harán presente en el ser humano, pero las que se relacionan con lo económico y material traen un peso mayor de preocupación y carga emocional, por lo tanto, la iglesia de Cristo debe estar dispuesta a auxiliar a los hermanos en la fe cuando estas tormentas lleguen a su vida. Es menester tener presente que la disposición para apoyar a otros demostrará la devoción a Cristo, el dueño del oro y la plata se encargará de recompensar a los generosos. Las Escrituras instan: “No nos cansemos, pues de hacer el bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:9-10).


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