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Manifestación del hombre de pecado, 2 Ts 2:1-12
2:3,4 “Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios”.


Así que, el tema a tratar en este pasaje (3-12) se refiere a lo que sucederá antes de la segunda venida de Cristo, cuando “todo ojo le verá”.

La recomendación de Pablo que “nadie os engañe” es la misma que el Señor Jesús les dio a sus discípulos: “Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán…” (Mt 24:4,5). En los últimos días habría “falsos maestros” deseando perturbar las mentes y corazones de los creyentes, se debe estar alerta y velando, para identificar a tales “maestros” (2 Ti 3:1; Gá 1:6-8; 2ª P 2:1).

La “apostasía”, es la rebelión contra Cristo. Pero no es cualquier rebelión o desviación de la fe. Se trata del abandono de los principios esenciales de las verdades religiosas o el total abandono del cristianismo o de una corrupción tal de sus doctrinas que haga a todo el sistema ineficaz para la salvación. Tristemente, esta “apostasía” se dará entre las personas que están dentro de la iglesia. Jesús habló sobre esto: “el amor de muchos se enfriará” (Mt 24:12).

La apostasía ha de identificarse por estas señales:
a. La persona abandona la fe que en algún momento de su vida profesó. (Judas, versículo 3).
b. El creyente niega a Jesucristo, el cual le rescató con su sangre. Y no solo es una negación de hechos, sino de labios, 2 Pedro 2:1.
c. Crucifica una vez más al Señor Jesucristo, exhibiéndole a la infamia, (Hebreos 6:6).

La iglesia fiel y verdadera siempre ha sufrido con la conducta “apóstata’ de muchos, pero la apostasía en su máxima expresión se dará en los últimos días, previos a la venida de Cristo. Jesús mencionó la parábola del “trigo y la cizaña” (Mt 13:24-30), donde les dice a los segadores que, ya que crecieron juntos el trigo y la cizaña, esperen hasta la siega y recogerán el trigo y lo llevarían al granero, mientras que la cizaña sería atada en manojos para ser quemada. La iglesia fiel al Señor será tomada y llevada para estar para siempre con su Señor. En cambio, los apóstatas serán dejados en la tierra para pasar por el juicio de Dios sobre este mundo. Pablo menciona que esta infidelidad a Dios ocurrirá en los últimos días (1Ti 4:1-3; 2 Ti 3:1-5; 4:3,4). Estos falsos religiosos estarán preparando el camino para la “manifestación del hombre de perdición”.

Segundo acontecimiento: “ se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición”. Este es el evento con que iniciará ese terrible “día del Señor” (se mostrará después que Cristo haya arrebatado a su iglesia). El uso del término “manifieste” sugiere un aspecto sobrenatural o misterioso. No es su existencia lo que es importante, sino el hecho de ser “revelado” lo que es y lo que hará. Implica que ahora está escondido, está creciendo en fortaleza antes de iniciar sus acciones contra Dios y la humanidad. Súbitamente será descubierto.

Nota histórica

Esto es lo que ha propiciado tantas interpretaciones sobre el anticristo. Desde los césares romanos, pasando por el Papa, por Hitler y Mussolini, hasta Anwuar-el-Sadat, el gobernante egipcio que firmó un pacto con Israel en los 1990s. En el Siglo XXI, seguramente habrá otros.

El “anticristo”, estará activo durante los siete años de gran tribulación. Recibe dos nombres: “hombre de pecado e hijo de perdición”. El primero revela su carácter esencial como inalterablemente opuesto a Dios, es un hombre que vive sin ley (1 Jn 3:4). El segundo asegura su sentencia de muerte, está condenado a la destrucción, como Judas Iscariote, el otro “hijo de perdición” (Jn 17:12; Hch 1:25). En la Escritura, a este personaje, se le dan otros nombres: a) cuerno pequeño (Dn 9:26); b) el rey que hace su voluntad (Dn 11:36); c) el Anticristo que vendrá (1 Jn 2:18); y d) la bestia que sube del mar (Ap 13:1-10). Durante la gran tribulación el “hombre de pecado” impondrá su propia religión. Pablo explica a los Tesalonicenses que este hombre “se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto”. Este líder mundial de maldad, se exaltará sobre toda autoridad divina, sobre todo objeto de adoración y sobre toda institución relativa al culto divino. Además, este gobernador perverso afirmará ser Dios y demandará ser adorado: “tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios”.



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