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El llamamiento celestial, Efesios 1:1-23
1:3-10 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, 4según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, 5en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, 6para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, 7en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, 8que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia,9dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.


1-14 Aparecen todos los elementos y vocabulario de la salvación.

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo que nos bendijo con toda bendición espiritual. La exclamación de Pablo es producto de su conocimiento teológico. Se goza en que los creyentes, y él mismo, han sido beneficiados por el Padre con el plan redentor. Después del grito de victoria pasa a enumerar todas las bendiciones otorgadas por Dios mediante Cristo.

Pablo le da alto vuelo a la reflexión teológica en lo que respecta al llamamiento divino de los creyentes. Inspirado describe todos los beneficios que ahora poseen los creyentes bajo el plan celestial. “Nos bendijo con toda clase de bendición espiritual”. Cualquier teólogo de la prosperidad vería aquí conveniencia material, progreso económico. Pero el apóstol no está refiriéndose a posesiones terrenales sino a las celestiales. La bendición –dice Pablo- es espiritual.

Las bendiciones están “en los lugares celestiales en Cristo”. Pertenecen a una esfera distinta a la terrenal y pecaminosa; son de procedencia celestial y eterna. Es una promesa que no concuerda con la avaricia material de muchos “predicadores” ni con el concepto de muchos creyentes respecto a comodidad cristiana. Insinúa el autor sagrado que cuando estamos bajo el señorío de Jesús, entramos en una atmósfera espiritual. Creer, entonces, que la prosperidad anunciada en el evangelio se evidencia por medio de los bienes temporales, es un error. Las bendiciones del evangelio son de naturaleza espiritual. Si bien es cierto que el progreso material o económico deben ser distintivos del discípulo de Jesús, no son en automático; algunas veces están ligadas a la fidelidad, a la buena administración y al contexto social.

Para Meditar

afirmar que el Padre nos escogió en él [Cristo] antes de la fundación del mundo es sublime. Revela que el evangelio no es un plan B ni una improvisación del Padre, sino un proyecto diseñado antes de todo lo creado. ¡Bendito Dios! Los expertos en el idioma, explican que el vocablo escogió “exeléxato” proveniente de eklego que significa “entresacar, seleccionar”. El diccionario Vine agrega que también significa “elegir para sí”, con la idea de “bondad, favor o amor”. De ninguna manera sugiere el texto sagrado una elección arbitraria de Dios a favor de algunos individuos, como algunos interpretan; más bien, apoya la idea de que, en su omnisciencia, Dios sabía quiénes eran los suyos desde el principio y que muchos responderían a su llamado.


La expresión “antes de la fundación del mundo” aclara también, por inspiración divina, que a Dios no lo tomó por sorpresa la caída del hombre. Él sabía que la criatura fallaría y, sabedor de ello, preparó un plan para todos aquellos que le habían de aceptar en un futuro. El Señor sabía que muchos perseverarían en el pecado y rebelión, pero que muchísimos aceptarían el llamado divino. Es la misma idea que presenta Pablo a los romanos cuando escribe que a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo… Y a los que predestinó, a éstos también llamó… (Ro 8:29,30). Esa poderosa verdad debe ser un ancla para la fe en momentos de duda, ataques y debilidades humanas. Estamos en el plan de Dios.

En la expresión apostólica “habiéndonos predestinado”, refiriéndose a la posición gloriosa que gozan ahora los creyentes en el Señor, el término proorísas (de pro, anticipado; orizo, determinar) “determinar por anticipado”, “elegir por adelantado”, se refiere a aquello a lo que son predestinados los objetos con anticipación. Es decir, que el Señor sabiendo que muchos responderían a su llamado preparó un plan que desemboca en la eternidad. Todo el plan salvífico de Dios y las promesas eternas se originan en la respuesta de los creyentes al llamado divino, pues, bienaventurados los que no vieron y creyeron (Jn 20:29).

Los creyentes son “adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo”. El término juiothesian (de juios, hijo, thesis, colocar) en este versículo se refiere a los que han sido ordenados de antemano a la adopción de hijos por medio de Jesucristo. En el caso de adopción se usa el término hijo que involucra la dignidad de la relación de los creyentes como hijos. Denota que la posición de hijos da a los creyentes acceso pleno a las bendiciones eternas. Aclara el autor que es Cristo quien posiciona al creyente ante el Padre. No es por sí solo sino debido a la obra expiatoria de Jesús que somos participantes de tantas bendiciones espirituales.

Las cuatro ocasiones (4,5, 6,12) que se encuentra la preposición para (eís) en el capítulo 1, expresa finalidad. Indica que existe desde la eternidad un plan diseñado para alabanza de la gloria de su gracia. Se dice de aquellos por causa de los cuales, y por razón de los cuales, se debe dar alabanza a Dios, en razón de su gloria, es decir, de la exhibición de su carácter y sus obras. Los creyentes son, desde luego, un trofeo que recuerda la gracia divina a favor de los mortales. La iglesia redimida es una evidencia de la misericordia de Dios hacia el pecador. Cada ser humano redimido es un grito de alabanza al Redentor.

La declaración anterior no solo denota que la redención del ser humano es una razón poderosa para que los habitantes del cielo alaben al Creador y redentor, también provoca que los mortales glorifiquen al Señor cuando observan a quienes son rescatados del pecado.

El texto señala otro objetivo del Salvador: “que fuésemos santos y sin mancha delante de él”. Desde el momento de recibirle el hombre pasa de la condición caída a la comunión restaurada, para vivir así delante de Dios. Un pensamiento poderoso que se levanta en esta frase es el de la santificación. Asegura que la consagración del creyente no es un invento de la iglesia ni una exigencia legalista de cada denominación, más bien es una demanda del Señor.

Los que le sirven han de presentarse limpiamente delante de Él, pues ¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño (Salmo24:3,4). Pablo también sabedor de esta verdad, expresa: Amados, puesto que tenemos tales promesas; limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu; perfeccionando la santidad en el temor de Dios (2 Co 7:1). Por su parte, el autor de la epístola a los Hebreos, sentencia: …Seguid la paz con todos y la santidad, sin la cual, nadie verá al Señor (Heb 12:14).

• Continúa el autor sagrado la lista de bendiciones espirituales. A través de Jesús tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados, según las riquezas de su gracia. El término redención (apolutrósis) significa “liberación mediante el pago de un rescate”. La redención en este versículo se define como la liberación de la culpa y de la condenación. La salvación del creyente fue comprada a precio de la sangre del mismo Hijo de Dios, que fue derramada aquí en la tierra. Deja bien claro que la muerte de Jesús no fue un accidente sino parte de un plan de rescate del ser humano. La obra expiatoria del Señor es suficiente para redimir al pecador.

• Por medio de la obra de Jesús se manifiesta toda la sabiduría de Dios, pues, por medio de ella nos dio a conocer el misterio de su voluntad. El término musterion en el Nuevo Testamento denota todo aquello que está más allá de la posibilidad de ser conocido por medios naturales. Solo puede llegarse a saber por revelación divina en el tiempo indicado por el Señor. A través del evangelio Dios dio a conocer su plan redentor con todas sus bendiciones según el beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo. Implica un propósito lleno de gracia. Nadie le obligó a revelarse, no fue movido por un compromiso con él ser humano, más bien, fue una iniciativa divina. Nació en su soberanía motivado por su voluntad. Nada nos debe Él, nosotros le debemos todo.

• El propósito divino es reunir todas las cosas en Cristo, es decir, que todo el proyecto salvífico y escatológico de Dios está dirigido por el Hijo. Apocalipsis precisamente ratifica esta verdad. El Hijo es el digno de tomar el libro y abrir sus sellos (Ap 6); el Cordero es quien ejecuta los juicios de Dios, quien regresará en gloria con sus ángeles y quien reinará sobre las naciones (Ap 19); Jesús es quien juzgará a los vivos y a los muertos (2 Ti 4:1), y quien al final de todo entregará el reino a Dios Padre (1 Co 15:22-24). Todo lo anterior, desde luego, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, o sea, en los tiempos que el Padre ya ha designado en su sola potestad. Es el programa del Padre. Pablo también anuncia proféticamente que los planes de Dios afectarán todo las cosas creadas, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

Y de reunir todas las cosas en Cristo, esta sección de la carta tiene toda la sazón escatológica. Establece cual es el objetivo central del Señor con todas las criaturas del universo. Sugiere que existe un plan diseñado desde la eternidad para toda la creación. El sustantivo dispensación (oikonomia) significa primeramente el gobierno de una familia o administración de la propiedad de otros. Aparece en el sentido futuro. Implica que los planes del Señor se encaminan a un cumplimiento inevitable “de reunir todas las cosas en Cristo”, pero a su tiempo. ¡Gloria a Dios por su soberanía y sabiduría! Todo esto debe estimular a cada creyente a perseverar con la vista centrada en la meta suprema.

Es importante destacar también que, aunque el apóstol sabe que en la iglesia efesia están presenten algunos creyentes que arrastran problemas morales, se dirige a ellos con dignidad espiritual, llamándoles: a los santos y fieles. ¡Qué ética! ¡Qué amor por la obra de Dios! Algunos tienen la habilidad de sacar lo peor de las personas; otros, lo mejor. Quien sirve a la causa cristiana deben desarrollar el temple espiritual y ético para tratar los asuntos más difíciles.



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