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EFESIOS CAPÍTULO 2

De muerte a vida, Efesios 2:1-10
2:1-3 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.


En esta primera sección del capítulo 2 el apóstol explica la condición de los creyentes efesios antes de la conversión. La situación espiritual de sus destinatarios, (y de todos los no creyentes), antes de ser alcanzados por la gracia divina, era pésima. Antes de ser vivificados por el Señor, les recuerda: estabais muertos en vuestros delitos y pecados. El adjetivo “muertos” (nekrós), según el Diccionario Expositivo de palabras del Antiguo y Nuevo Testamento de Vine, se usa metafóricamente para ilustrar la condición espiritual de los incrédulos.

El cuerpo muerto no tiene la capacidad para responder a ningún estímulo, tampoco es capaz de hablar, pensar, sentir y escuchar; está imposibilitado. Paralelamente, la incredulidad incapacita a los seres humanos para actuar y vivir en fe, también para discernir la voluntad divina y concentrarse en los asuntos de la eternidad, pues “los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu”. (Ro 8:5,6). La forma verbal anduvisteis periepathésate, (“caminar en círculos”) sugiere un estilo de vida redundante, una conducta rendida al pecado.

Las Escrituras sentencian que el irredento no posee la capacidad espiritual de someterse a la voluntad celestial, “porque los designios de la carne son enemistad contra Dios”. El pecado bloquea la comunión de Dios con el hombre. El esclavo del pecado no puede acceder a una comunión íntima y real con el Padre de las luces, pues su voluntad y pensamientos están secuestrados por el maligno, quien lo ha cegado espiritualmente (2Co 4:4). Solo aquellos que han creído y aceptado el sacrificio de Jesús pueden saber a cabalidad lo que significa ser redimido. ¡Gloria a Dios!

Además, es indispensable observar las expresiones apostólicas; se refieren a una acción pasada con efectos presentes. Y aunque los destinatarios ya no se encontraban en la misma deplorable condición, no obstante, son exhortados a no manifestar nunca una conducta indigna. Es un recordatorio de cómo el Todo Poderoso debe ser glorificado con las acciones presentes.

Para Meditar

el mundo desafía a los seguidores del Señor. Ese sistema presiona a los que mantienen una postura consagrada, es decir, a quienes no le siguen la corriente; pero el creyente ha de estar dispuesto a enfrentar hostilidades de parte de los hijos de la época. Nadie dijo -incluyendo al Maestro- que seguir el evangelio sería fácil. Él advirtió a sus discípulos: “Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo” (Lc 14:17). Jesús jamás ilusionó a nadie, por el contrario, aclaró a todos el costo de servirle.


Seguir la corriente de este mundo garantiza comodidades; rechazar sus ofertas atrae rechazo y estigma. La Escritura recalca que todo lo que pertenece a la esfera mundana: “los deseos de carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida..” es contrario al Padre. Este siglo es seductor y efímero. Es mejor seguir la corriente del cielo para permanecer eternamente (1 Jn 2:15-17).

Para Meditar

en su Carta a los Romanos, Pablo advierte también a los creyentes a no conformarse a este siglo (Ro 12:2). Por convicción, el creyente ha de rechazar rotundamente todo aquello que se contrapone al deseo divino. Un buen seguidor de Dios siempre se opondrá al pecado. La música, el cine, la moda y las filosofías actualmente están en franca oposición a Dios. Existe una tendencia generalizada a ridiculizar a los valores cristianos por considerarlos obsoletos e intolerantes; no obstante, el discípulo genuino debe protestar contra todo aquello que viola los principios de la palabra de Dios, aunque sea una voz que clame en el desierto.


La rebelión de los seres humanos contra Dios se debe a que viven conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia. Esta declaración paulina revela una verdad que duele a los incrédulos. Después de todo, la Palabra es la palabra. Es indispensable escudriñar el término.

Nota Doctrinal

existe –dice Pablo-- un ente espiritual que opera en los desobedientes a Dios. El verbo energeia, significa literalmente “trabajar en, actuar en”, denota la actividad satánica en el interior de los que pertenecen a su imperio, el diablo controla a quienes están bajo su señorío. Quien no vive bajo el dominio o influencia divina, está bajo el control de Satanás. Por lo tanto, no hay término medio: o el Espíritu Santo gobierna a un individuo o lo gobiernan entes demoniacos. Al final, los no redimidos son socios del maligno.


La contrariedad manifestada hacia Dios era evidencia que eran hijos de ira, lo mismo que los demás. El hebraísmo “hijos de ira” sugiere que los que no son de Cristo están bajo maldición y juicio. Debido a su maldad interior y exterior, los hombres causan el descontento de Dios. El Señor está airado con el pecador a causa de que éste se empeña en obstaculizar la verdad divina con su rebelde, idólatra y promiscua manera de vivir (Ro 1:18-32). Cuando un ser humano estorba la verdad divina, se opone con sus acciones, o la persigue con sus hechos.



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