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Reconciliación por medio de la cruz, Efesios 2:11-22.
2:11,12 “Por tanto, acordaos de que otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. 12En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo”.


Antes de ser alcanzados por la gracia de Dios los gentiles estaban alienados de la ciudadanía divina. En primer lugar, no existía vínculo con el Mesías salvador del mundo porque estaban sin Cristo. Los efesios, como todos los gentiles, desde la perspectiva judía, no tenían un lugar en el plan divino. Según ellos, el Mesías sería sólo un bien para el judío, un redentor de la condición política y espiritual israelita. Pero ahora, debían entender que el Mesías Cristo Jesús, incluyó a los que no eran judíos de nacimiento, y a ellos también; por lo tanto, ahora se convirtieron en parte del plan redentor.

Nota Doctrinal

el apóstol Juan reafirma la verdad teológica anterior cuando declara: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn 1:12). ¡Qué bendición para toda la raza humana! Cristo abrió el camino para la reconciliación espiritual y, también racial de los pueblos.


A los que no compartían origen racial con ellos, los hacían sentir alejados de la ciudadanía de Israel, por tanto, destituidos de los privilegios religiosos y espirituales que Dios otorgó a los judíos, como descendientes de Abraham. Por esta razón, les costó mucho aceptar que aquellos alienados de las promesas, de un momento a otro fueran considerados como pueblo de Dios. Recuérdese que Pablo escribiendo a los romanos, enfatiza que de ellos eran los pactos, la ley, las promesas, los patriarcas y muchos beneficios más.

Se debe recordar que para los seguidores de Moisés la doctrina de la gracia fue una piedra de tropiezo. No se puede ignorar que a los judaizantes, enemigos acérrimos de Pablo, les causaba repulsa la enseñanza de la justificación por la fe. Debido a las diferencias de conceptos sobre la salvación eran una espina en el calzado del apóstol. Fue a aquellos a quienes se dirigió diciendo: “Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo” (Fil 3:2).

Los gentiles estaban también ajenos a los pactos de la promesa. Todos los pactos de los cuales el Mesías era el centro, fueron hechos con Israel. Y ahora, claramente Pablo establece, también para los gentiles seguidores de Cristo. Las promesas de ser un pueblo especial, un tesoro y gente santa, según los judíos, correspondían solamente a ellos por ser descendientes de los patriarcas. Así, como los planes de paz, justicia, prosperidad y victoria total en el futuro, pensaban que sólo eran para ellos. Romper estos prejuicios no fue tan fácil ni para Jesús ni para los apóstoles.

Nota Doctrinal

La parábola del hijo pródigo de Lucas 15, contada por Jesús, tuvo este objetivo hermenéutico: aclarar que el Padre es un Dios de misericordia dispuesto a recibir al hijo derrochador (pródigo), mientras que el hijo mayor (judíos) se sentía inconforme y celoso por tal muestra de la gracia divina. La retórica del Maestro es una indirecta para la mente judía que se consideraba superior a los demás pueblos, y esto tiene cierta verdad, pero su superioridad es producto de la elección divina, no de sus méritos nacionales.


A Pedro le costó trabajo aceptar la orden de matar y comer en la visión que tuvo, y que se narra en Hechos 10; argumentaba no haber comido jamás nada inmundo. Y cuando llegó a casa de Cornelio todavía no entendía la gracia que se extendía, pues expresa de forma grosera e hiriente: “vosotros sabéis cuan abominable es para un judío juntarse o acercarse a un extranjero…” (Hch 10:28), pero al atestiguar la benevolencia de Dios sobre gentiles declaró: “En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas...” (Hch 10:34). Años después, ya pulido por la gracia, sostiene categóricamente que los gentiles redimidos también son “linaje escogido, real sacerdocio y nación santa, pueblo adquirido por Dios…”; además, recuerda que ellos antes no eran pueblo “ni habían alcanzado misericordia”, pero que ahora gozan de la sublime gracia divina (1 P 2:9,10).

Finalmente, los no judíos, dice Pablo, estaban perdidos sin esperanza y sin Dios en el mundo. Humanamente hablando, su condición pecaminosa y alienada era irremediable. Todo estaba en contra del pecador. En la epístola a los Colosenses que fue escrita en el mismo lugar (en la prisión) y que, además, es paralela a la de Efesios, Pablo establece que Cristo es la seguridad de nuestra fe. Describe los beneficios que tiene el creyente por la obra de Cristo. Publica que Jesús otorgó la victoria cuando en la cruz anuló “el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz (Col. 2:14). El sustantivo (queirografon) traducido “acta”, según Vine, era un documento escrito a mano que mencionaba una deuda.

En la declaración anterior de Pablo se refiere a la letra de la ley. Afirma que todo ser humano estaba bajo la condenación de la ley, judíos y gentiles; no porque ésta fuera mala e injusta, sino porque mostraba el pecado del hombre; además, nadie podía cumplirla a cabalidad. Era una deuda tan grande que era imposible liquidarla o satisfacerla a pesar de muchos esfuerzos humanos. Ahora a través de la fe en el Hijo de Dios podemos acercarnos “confiadamente al trono de la gracia”. Y todo, por la intercesión de nuestro Perfecto sumo sacerdote (Hebreos 4:14-16).



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