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EFESIOS CAPÍTULO 4

La unidad del Espíritu Efesios 4: 1-16
4:1a Yo, pues, preso en el Señor…


Nota histórica

en Hechos 18:24 a 19:41, se narra que existía en Efeso una sinagoga judía, que coexistía con un prominente templo dedicado a la diosa Diana, que ha sido considerado como una de las siete maravillas del mundo antiguo; y como sucede paralelamente abundaba la magia negra. Ante los efesios, los judíos ya habían demostrado la ineficacia de su religiosidad, cuando un demonio había dominado a los hijos de Esceva, jefe de los sacerdotes, que eran exorcistas ambulantes y que aquel hecho bochornoso, había quedado de manifiesto ante todo el pueblo. (Hch 19:11-18).

Es de esperar que existiera un pleito generalizado entre judíos, romanos dominadores, griegos y personas de otras nacionalidades que habían llegado allí, y constituían una sociedad cosmopolita que creía cualquier cosa tradicional o religiosa existente. A ese mosaico llegaron Pablo y Apolos, a predicar sobre una nueva creencia que se sostenía por las señales y milagros que en el nombre de “un tal Jesús de Nazaret” se realizaban


La expresión: yo, pues, preso en el Señor, (en Roma, como se cree) tenía un significado sustancial y definitivo para los hermanos efesios. Estar preso en la cárcel, era la evidencia irrefutable de que Pablo no corría en favor de aquellas decadentes corrientes políticas, religiosas o filosóficas y que lo que predicaba era diferente. El estaba viviendo la única realidad que caracteriza al verdadero discípulo de Jesús: “Las zorras tienen madrigueras, y las aves de los cielos tienen nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene donde recostar su cabeza”. (Mt 8:20) Pablo no tenía precio. Nadie pudo comprarlo ni seducirlo con corrientes mundanas de este siglo. La cárcel era el único lugar donde podía permanecer sin desestabilizar los cánones del poder temporal, donde Satanás es rey y señor. Ser un prisionero por la causa de Cristo le dió credibilidad ante los creyentes efesios y lo pone a la altura de aquellos héroes de la fe de la lista de Hebreos 11 y de quienes el Espíritu Santo dice: “de los cuales el mundo no era digno”. (Hebreos 11:38).



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