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Encarcelados en Filipos, Hch 16:11-40

Hechos 16:25-34
“Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. 26 Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. 27 Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. 28 Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. 29 El entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; 30 y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? 31 Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. 32 Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. 33 Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos. 34 Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios”.


Orando y cantando. Esta es la respuesta de Pablo y Silas a su terrible condición. No hay quejas, ni lamentos; no existe el más mínimo grado de resentimiento o angustia. Sus cuerpos se encontraban dolidos, pero su espíritu fortalecido. El gozo del Señor era su fortaleza y con él elevaron su voz audiblemente ante todos los presos que, atónitos escuchaban las expresiones de gozo de quienes deberían estar abatidos; los oyen orar, pero no para quejarse de su condición sino para exaltar el nombre de su Señor y Dios, cantan una canción que no expresa miseria o quebranto, por el contrario, prorrumpen en voces de adoración exaltando al Dios de los cielos. ¿No es esta una actitud contradictoria en quienes sufren ahora mismo de una espalda lacerada por los golpes? ¿no es el cepo suficiente carga para provocarlos al gemido y a la queja?, pero en vez de ello de sus bocas fluye un cántico de alegría que tiene perplejos a sus compañeros de celda.

El sobrenatural temblor que provocó la liberación de todos (puertas y cadenas rotas pero ninguna persona lastimada), fue la respuesta de Dios a la posible pregunta que algunos podrían hacerse en estas condiciones. Dios permitió cada situación para glorificarse en la vida de sus enviados y era tiempo de mostrar su poder y utilizar esta condición para llevar el evangelio a más personas.

El carcelero reaccionó como era normal en esa época, pues su vida estaba destinada a terminar, como castigo por la huida de los presos bajo su custodia. De ahí que su sorpresa se convirtiera en agradecimiento al oír a Pablo decir que todos los presos estaban vivos y además presentes en la cárcel pues ninguno había escapado. Todo es sobrenatural para él. La vida de aquellos entregados a él, hacía unas pocas horas, su forma de reaccionar ante el castigo, el cepo y el calabozo, el terremoto singular y la presencia de todos los presos no podía ser obra de la casualidad para este carcelero, quien humildemente reconoció que aquellos hombres tenían un mensaje de esperanza que él necesitaba recibir.

Nota Doctrinal

Esta pregunta del carcelero: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ha sido pronunciada millones de veces a través de los siglos por pecadores quebrantados y en respuesta, siervos humildes o ilustrados, al estilo de Pablo y Silas han mencionado la misma fórmula redentora del Nuevo Testamento:  Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.

La secuencia de los hechos permite ver que antes de que amaneciera ya estaban convertidos, pues “les hablaron la palabra”, bautizados todos los miembros de la familia; el gozo puede verse otra vez en aquel carcelero como en Lidia, los llevó a su casa y les puso la mesa, es decir, los atendió con la dignidad de una visita especial, no como los presos que recibió unas horas antes. Esta actitud y espíritu de servicio revela la inmensa gratitud del corazón de aquellos que reciben la salvación. (He 13:15,16).

Para Meditar

no parecía posible un final así en las horas anteriores, pero cuando la iglesia aprende a enfrentar las adversidades con total confianza en Dios y adorándole a pesar de los problemas que puedan venir, el Señor se encarga de transformar todo aquello que lastime o hiera a su pueblo en una oportunidad de glorificar su nombre, predicar el evangelio y llevar almas a su salvación; en este caso toda una casa llegó a Cristo por medio de aquel momento de tribulación.

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