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Pablo en Atenas, Hch 17:16-34

Hechos 17:32-34
Pero cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: Ya te oiremos acerca de esto otra vez. 33 Y así Pablo salió de en medio de ellos. 34 Mas algunos creyeron, juntándose con él; entre los cuales estaba Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos


Los griegos, hasta entonces atentos aun cuando el argumento de Pablo rompía toda su mitología, se burlan del discurso cuando Pablo sostiene que todo lo dicho hasta ahí se sustenta en la resurrección de entre los muertos de Aquel a quien les estaba predicando. Todo parecía aceptable para ellos, menos la resurrección de los muertos de aquel Hijo divino.

Sin embargo, y pese a la gran oportunidad que tenía ahí de ganar a todos aquellos filósofos, con un discurso más tenue y sin controversias, y conservar la influencia que podría lograr con ello, Pablo no cedió un milímetro en su doctrina. Jesús había resucitado, primicias de los que durmieron fue hecho (1 Co 15:20), y ese mensaje se tenía que predicar como un ejemplo para las generaciones futuras, piedra fundamental de toda la fe cristiana.

El hecho de que esta doctrina les haya sido imposible de aceptar a los griegos, es la muestra clara de que es lo que marca la diferencia entre el cristianismo y todas las demás religiones del mundo. Hay muchos matices y áreas grises donde el cristianismo puede ser confundido, incluso a veces mezclado voluntaria o involuntariamente con otras religiones; pero entrados en el estudio de cada una, la fe en un Cristo vivo después de casi dos mil años de su muerte, es lo que hace de la fe del creyente una fe viva y segura. De que está creyendo en un Dios real que transforma el corazón de los hombres, para vivir permanentemente en ellos.

La burla y el desdén con que trataron a Pablo de manera inmediata podría ser uno de los momentos más críticos en el ministerio del apóstol. Pero lo cierto es que, en medio de aquel aparente fracaso, Dios le concedió ver fruto de su trabajo. Nada menos que Dionisio, el encargado del Aerópago, Dámaris y algunos más fueron salvos (probablemente también algunos judíos convertidos durante la primera etapa de predicaciones en la sinagoga) y aunque el pasaje no lo dice, bastaban estos pocos para dar forma a una iglesia que pudo haberse desarrollado en la capital de la filosofía e idolatría de aquel tiempo. Muchos quisieran tener esa clase de “fracaso” en estos tiempos.

Pablo rompió su sistema de trabajo normal, había salido de la sinagoga, como para demostrar que un solo método no es suficiente cuando se pretende llevar el evangelio a todo el mundo y que no puede encasillarse en un solo modelo para evangelizar. Ahora bien, no todos los sistemas tienen el mismo éxito, pero se trata de predicar el evangelio con las herramientas que están al alcance.

Aquellos que se burlaron de Pablo y los que dejaron para el mañana una siguiente plática, deben estar ahora mismo lamentando sus burlas y rechazo, pero Pablo pudo tener la satisfacción del deber cumplido al predicarles el evangelio con todos los recursos que su preparación y pasión por los perdidos le habían otorgado.

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