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El alboroto en Tesalónica, Hch 17:1-9

Hechos 17:5-9
“Entonces los judíos que no creían, teniendo celos, tomaron consigo a algunos ociosos, hombres malos, y juntando una turba, alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo.6 Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá; 7 a los cuales Jasón ha recibido; y todos éstos contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús. 8 Y alborotaron al pueblo y a las autoridades de la ciudad, oyendo estas cosas. 9 Pero obtenida fianza de Jasón y de los demás, los soltaron”.


Los celos, “fuertes como el seol” (Cantares 8:6), son un poderoso motor para la acción, pero generalmente la acción que provocan es dañina, perversa y con resultados devastadores para propios y extraños.

Los celos crean rechazo a lo que se considera el objeto que los provoca. Los judíos que no creyeron el mensaje de Pablo tenían todo el derecho y responsabilidad moral de no creer, nadie los obligaba a aceptar el evangelio, pero su reacción ante la decisión de otros de hacer uso de ese mismo derecho para sí creer, los llevó a una serie de acciones lastimosas.

Podría pensarse que su celo era un celo “santo”, provocado por el celo de la verdad, de la doctrina pura, de la pureza de la religión judía. Sin embargo, este llamado celo santo, debería haber provocado una reacción santa, que no es lo que se observa en el pasaje.

NOTA SOCIOLOGICA

Tomaron consigo ociosos, hombres malos y una turba”. Los ociosos son aquellos que no tienen objetivo ni propósito, quienes su falta de iniciativa los hace presa fácil de la manipulación para llevarlos a hacer cosas que ni entienden, pero que, por una pieza de pan o una moneda aceptan participar de cualquier actividad sin juzgarla previamente. El hombre malo, en cambio, sabe lo que hace, entiende perfectamente el alcance de sus acciones y así se apunta para provocar daño a terceras personas; aun cuando, incluso, no tenga razones o motivos personales para ello. El ocioso participa solo por el gusto de hacer algo que lo entretenga, el hombre malo se involucra por el gusto o deseo de hacer un mal sin importar a quién lo hace. Juntos, ociosos y hombres malos, se vuelven una mezcla peligrosa

“Alborotaron la ciudad, asaltaron la casa”: De qué magnitud sería el escándalo provocado por esta multitud que toda la ciudad se vio impactada por sus acciones. Gritos, escándalo, improperios, desmanes, excesos, la multitud transitando por las calles de la ciudad y arrasando todo a su paso de tal manera que se hicieran notar gracias a todos los daños dejados tras sí. Irrumpieron en la casa de Jasón, violentando sus derechos; golpeando y quizá derribando puertas, empujando, ofendiendo.

“Procuraban sacarlos al pueblo”. A quienes procuraban sacar al pueblo era, por supuesto, a Pablo y sus acompañantes. Sacarlos al pueblo tiene que ver con entregarlos a su poder, la intención era clara, encontrar a Pablo y Silas para ponerlos en manos de aquella turba y que ésta hiciera lo que mejor sabe hacer: destruir. Cuántas veces en nombre de la “justicia” han sido las turbas las que quebrantan todo derecho y justicia.

Sin alcanzar su objetivo, que era dañar a Pablo y Silas, encontraron un premio de consolación en Jasón, el dueño de la casa, y algunos de los nuevos convertidos a quienes acusaron de trastornar al mundo. Sin embargo, el calificativo con el que les acusaban, era en sí mismo un elogio para aquellos predicadores itinerantes que ya para entonces habían llevado el evangelio a gran parte del Asia menor y habían irrumpido con éxito en su labor evangelística en Europa.

Por supuesto que el argumento de que predicaban a otro rey, Jesús, contiene un grado de verdad, pero contaminado por la mentira tendenciosa, pues en ninguna parte de su mensaje el apóstol contraviene los decretos del imperio romano del que es ciudadano; las cuales, por razón de justicia al entender que no había motivo qué perseguir, o por la fianza depositada a su favor, les soltaron sin más querella o pretensión.

Para Meditar

¡Y todo esto provocado por los celos! Habrá que tener cuidado de examinar las razones por las que hacemos las cosas; y eso incluye verificar que los celos no sean el motivo, pues nunca traerán cosas positivas, y en su caso, “el celo santo por la casa de mi Dios” (Sal 69:9), nunca tendrá como resultado el unirse a gente ociosa o mala para crear alborotos y mucho menos para dañar a aquellos que son el objeto de nuestro celo. Este acto solo expone a quienes quieren hacer daño, como personas celosas y de mal accionar. Que no ocurra eso hoy en día en nuestras iglesias.

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