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Pablo relata su conversión, Hch 26:12-18 (Hch. 9.1-19; 22.6-16)

Hechos 26:12-18
“Ocupado en esto, iba yo a Damasco con poderes y en comisión de los principales sacerdotes, 13cuando a mediodía, oh rey, yendo por el camino, vi una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol, la cual me rodeó a mí y a los que iban conmigo. 14Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón. 15Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. 16Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, 17librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío,  18para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados”


Tan seguro estaba de su fe, que salió rumbo a Damasco con las cartas que los principales sacerdotes le habían dado, pensaba que en Damasco iba a poder sacar de casa a los cristianos o arrestar a todos los que se encontrara que profesaran una fe cristiana. (Ver comentario 22:6-13)

Pero, ¡oh sorpresa!, de pronto el poder de Dios, en una forma resplandeciente más brillante que la luz del sol, hizo que todos los que iban con Pablo y cayeran de sus cabalgaduras, se supone que no iban a pie, por lo expresivo de la narración, no fue solo su experiencia, sino la de todos los que le acompañaban y desde luego, importantes testigos de este acontecimiento.

Sólo una persona que llevaba tanta prisa iba al mediodía por los caminos, exponiéndose al fuerte calor de esas horas, y Pablo quería a través de las acciones violentas que ejecutaba hacia los cristianos, saciar esa sed de paz que su alma necesitaba. Pero esa luz que encegueció sus ojos físicos, le abrió los ojos espirituales para darse cuenta que vivía en una densa oscuridad, sus ojos fueron abiertos para contemplar a Cristo y sus oídos también se abrieron para escuchar su voz.

“Dura cosa te es dar coces contra el aguijón”. Esta frase solo se menciona en este relato, en esa época era común decirla. Pues era un dicho que se refería a los animales que uncían para el arado, cuando les ponían el yugo, muchas veces se revelaban, pateaban hacia atrás y se herían con la punta del aguijón que se le colocaba al arado. En otras palabras, el Señor le estaba diciendo que era inútil que luchara contra su voluntad, pues estaba pateando la misma realidad divina.

La palabra apóstol significa “uno que es enviado”. Antes Saulo era enviado por el sanedrín, pero a partir de ese encuentro fue enviado directamente por Jesús, ya no a matar cristianos, sino a predicar a los pecadores para que precisamente se convirtieran en seguidores del Mesías Jesús.

Aquí Pablo confirma palabras que le había dicho Ananías cuando fue a orar por él, pues fue puesto como ministro de Dios para predicar las cosas que había visto y de aquellas en las que se le aparecería.

Pablo narra como el Señor le dio la orden de levantarse, ponerse en sus pies, después de la humillación de estar en el suelo. Y al momento le da tres trascendentales motivos por lo que esta sucediendo todo esto.

1. “me he aparecido a ti”. No era una casualidad, Dios conocía el carácter y el ímpetu de Pablo, lo aguerrido que era. Así que se le apareció en el camino, los demás vieron el resplandor y cayeron, pero no entendieron el mensaje personal dicho a Pablo. De ahí en adelante el sería un ministro y testigo.

2. “librándote”, los daños serían menores y soportables, (en medio de los azotes estaría cantando) es decir que el sufrimiento sería parte de la vocación de apóstol y profeta, pues Jesús le daría la fortaleza para soportar el dolor.

3. “ahora te envío”, Jesús mismo le nombraba apóstol para ir a predicar a los gentiles, le daba la autoridad y lo respaldaría con señales y maravillas, para llevar el evangelio a todo el mundo conocido.

Y a continuación le muestra “el sendero de la salvación”. Lo que Cristo hace con las personas.

Para que abras sus ojos; al venir Cristo a la vida de las personas, les muestra lo que antes no podían ver, les quita la ceguera espiritual. “De oídas te conocía, mas ahora mis ojos te ven”. Job 42:5

Para que se conviertan de las tinieblas a la luz; y de Satanás a Dios. En el mundo de pecado el hombre se encuentra en oscuridad, no alcanza a ver el amor de Dios, mas el poder de Dios y su luz lo iluminan. La luz de Dios desvanece las ataduras de satanás. El hombre es transformado totalmente. “…Dios creo al mundo y dijo: que brille la luz donde ahora hay oscuridad. Y cuando nos permitió entender la buena noticia, también iluminó nuestro entendimiento, para que por medio de Cristo conociéramos su grandeza”. (2 Co 4:3-6 TLA)

Para que reciban por la fe que hay en mi, perdón de pecados y herencia con los santificados. El perdón de pecados y la herencia van juntos. Los apóstoles lo predicaron desde un principio. El perdón de pecados trae consigo un nuevo estilo de vida, limpieza de toda maldad, aunado a la comunión con los santos y la esperanza viva de ir a morar con Jesús al reino de los cielos.

El apóstol Pablo continuó la obra que había iniciado Jesús y que Isaías había profetizado. Leer el precioso pasaje de Isaías 42:6,7,16.

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