Se inicia uno de los seis juicios a los que fue sometido Jesucristo, como se ha dicho ya, todos ilegales desde el punto de vista jurídico y eclesiástico. Tres fuerzas religiosas participaron en este juicio: Anás el sumo sacerdote recién renunciado (Jn. 18:15-24), Caifás, el sumo sacerdote en funciones y el Sanedrín, cuerpo de ancianos gobernantes judíos (Mt 26:57-64). Tres veces estuvo Jesús ante la autoridad romana: primero ante Pilato (Jn.18:23), enseguida ante Herodes (Lc. 23:7) y por último, remitido nuevamente a Pilato quien finalmente lo sentenció a la cruenta muerte por crucifixión (Lc. 23:11-12).
Para Meditar: La insidia es una de las estrategias del diablo para lograr sus propósitos. En el caso del juicio de Jesús ésta estaba presente, a este tipo de actos se les denomina “Juicio Sumario”, en este se procede con urgencia y se dictamina a la brevedad posible, dejando a un lado las formalidades y los trámites de un juicio ordinario.
En medio de todo este acontecimiento, un personaje se mueve en la escena de este juicio, su nombre es Pedro. Es probable que esté intentando cumplir con su promesa de seguir a Jesús hasta la muerte misma, “Mas Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, se sentó con los alguaciles, para ver el fin”.
La forma inusual en que se lleva a cabo este juicio, buscaba no encontrar la verdad sobre el asunto, sino enviar a Jesús, a la brevedad posible a la muerte: “Y los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte,”.
¿Encontraron los testimonios falsos? Por supuesto que sí, el Señor Jesús ya había enseñado al respecto: “Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo” (Mt. 5:11).
Cada acusación lanzada contra Jesús, cayó por su propio peso, al final y de una forma ilegal -pues en los juicios judíos no se permitía hacer al acusado preguntas incriminatorias- le hicieron la acusación que fue determinante para el propósito de los gobernantes judíos: “Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios. Jesús le dijo: Tú lo has dicho;… Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado!... ¡Es reo de muerte!” Con esta sentencia se confirma el juicio sumario hecho a Jesús.
Para Meditar: ¿Hasta qué punto le está permitido a los cristianos hacer juicios sobre sus hermanos? Por supuesto, nada comparable con el juicio de Jesús, pero conviene la reflexión. Ciertamente la palabra de Dios nos dice que, “¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?” (1 Co 6:3) El contexto habla de la incapacidad de la iglesia para juzgar a los hermanos que habían pecado y las instrucciones precisas que Pablo da a una iglesia local que debía tomar cartas en el asunto, poniendo la prioridad en un juicio interno y no en manos del mundo. El justo equilibrio está en el siguiente versículo: “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio” (Jn. 7:24)