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Pablo pide a Dios que les conceda sabiduría espiritual, 1:3-14.

1:9-14 “Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, 10para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; 11fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; 12con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos participar de la herencia de los santos en luz; 13el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, 14en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados”.


Los propósitos de las oraciones del apóstol Pablo inician así:

“por vosotros”, los colosenses, palabras sencillas pero que llegan a producir ánimo en la vida del creyente, al saberse sujeto de intercesión;
“que seáis llenos del conocimiento, de su voluntad, del griego thelema, que incluye los conceptos de deseo y propósito;
“en toda sabiduría” (sofía) , que encierra el sentido general de lo que viene de Dios, en contraposición a la sabiduría producto del razonamiento humano;
“inteligencia espiritual (synesis), es decir la capacidad de entender y discernir.

10para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios;

Aquí se encuentran 4 actitudes fundamentales, que deben ser la meta en la vida de cada creyente:

para que andéis como es digno del Señor La sabiduría y discernimiento recibido en la vida del creyente ha de traer consigo frutos de carácter, si hemos de recibir de Dios ciencia y capacidad de juicio, ha de ser para honrar, al que se sacrificó en la cruz por nosotros. La raíz griega axioo (digno), tiene la connotación “de peso”, lo que clarifica que la conducta del creyente ha de ser de suficiente peso, producto de la voluntad.
agradándole en todo, proviene de un término, que tiene en si la idea de complacer, lo cual requerirá de sumisa obediencia a la Palabra.
llevando fruto en toda buena obra, la meta de tanta sabiduría e inteligencia son los frutos, pero no de cualquier clase, sino, en toda buena obra, Juan 15:2 registra las palabras de Jesús: “todo aquel que lleva fruto, lo limpiará (mi padre), para que lleve más fruto”.
y creciendo en el conocimiento de Dios, un proceso que nunca termina y que invita al creyente a aprovechar todo momento para estudiar las Escrituras, a fin de derivar lecciones de cualquier circunstancia, positiva o negativa.

11fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; utilizando un juego de palabras sobre la fuerza cubre todo el rango de lo humano a lo divino; fortalecidos alude a la entereza que el hombre necesita para conseguir algo (su raíz griega denota permitir); poder, comprende la idea de poder sobrenatural; y la potencia (kratos),de su gloria “poder que sobrepasa la oposición”; En otras palabras el creyente necesita que se le permita lograr u obtener algo y a la vez, necesita autoridad para obtenerlo; este ejercicio le llevará al desarrollo de dos virtudes indispensables en el andar en Cristo, paciencia para soportar las pruebas y dificultades y, longanimidad, la paciencia necesaria en relación con las personas (difíciles).

12con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos participar de la herencia de los santos en luz; Una vida verdadera en Cristo, nunca estará carente del gozo. El gozo del creyente no es una mera manifestación espontánea de alegría, sino más bien, una actitud de aceptación al estar seguros de que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Ro 8:28), la acción de gracias aquí sugerida no es en virtud de las cosas buenas recibidas, (que desde luego debemos agradecer). Esto no es el resultado de un proceso, sino, una obra consumada; participar, es tener parte o derecho, de las riquezas celestiales con todos los demás santos en luz, que delimita el terreno espiritual divino, porque “Dios es luz” (1 Jn 1:5).

13el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, 14en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados”. Es el mismo Padre que nos ha librado de la exoucia (potestad, que describe tanto la persona que ostenta autoridad, así como la autoridad misma), de modo que nos rescató de la persona (satanás), y de su poder; este acto, quedaría desde luego sin ningún beneficio si no se nos trasladase de las tinieblas del imperio de satanás al reino de su amado Hijo, lo que hace un contraste entre tinieblas y luz, entre potestad y reino. Las tinieblas de satán son un dominio sin estructura, sin poder, sin lealtades; en cambio el Hijo de Dios tiene un reino, un orden, Él mismo es el Rey.

1:14 Pasa a establecer la razón teológica de dicho traslado (de las tinieblas al reino del Hijo), reiterando la verdad fundamental del evangelio, es sólo en Jesús el amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre. Dicha redención requirió de un pago, su sangre; la operación realizada es el perdón pecados, ya que “sin derramamiento de sangre no hay remisión” (Hebreos 9:22).



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