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Salutación 1:1,2

Escritores:
María de los Ángeles Ariguznaga Santos.

1:1,2  “Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia,2 elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas”.


El escritor comienza su epístola con el nombre que Jesús le dio en lugar de “Simón, hijo de Jonás”, nombre por el cual una vez fue conocido (Mt. 16:18), lo cual indica el alto concepto que sentía por el nombre que el Señor le había asignado. Con frecuencia se dirigían a él como Simón, pero el nombre de Pedro es el nombre por el cual con más frecuencia es designado en el libro de los Hechos, y hoy por nosotros. La palabra “Pedro” es la traducción de la palabra griega petros, una roca pequeña o piedra. Fue asignado al discípulo como un nombre propio, por el Señor Jesús, seguramente por los rasgos de carácter o hábitos de vida que exhibiría después. El Salvador vio, con anticipación, las cualidades duraderas de carácter que se habrían de manifestar en su vida y por lo tanto le dice, “Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)” (Juan 1:42).

Apóstol de Jesucristo, la palabra “apóstol”, describe la naturaleza de la obra de Pedro en el servicio del Señor y “de Jesucristo”, la fuente de la autoridad por la cual la ejercía. “Apóstol” (apo: de, y stello: enviar), un enviado o embajador, significa uno enviado en una misión con las credenciales correctas. Las cartas credenciales de los apóstoles fueron los milagros que hicieron en confirmación a su obra (Mr 16:20; He 2:1-4), y su misión era de proclamar el evangelio de Cristo bajo la gran comisión (Mr 16:15, 16; Hch 1:8). Pedro fue uno de los doce escogidos por el Señor para ser apóstoles desde el principio de su ministerio público (Lucas 6:12-16), y su nombre aparece primero en 9 de todas las listas de los nombres de los apóstoles (Mt 10:4; Mr 3:13; Lc 6:12-16; Hch 1:13). Sin embargo, ni aquí ni en alguna otra parte, reclamó, ni buscó ejercer, superioridad alguna o distinción de rango sobre los otros apóstoles, describiéndose simplemente como un apóstol (uno entre muchos) de Jesucristo.

Los destinatarios: los destinatarios de esta carta eran predominantemente cristianos gentiles —aunque la frase los expatriados de la dispersión tiene como trasfondo el exilio de la diáspora judía en el AT—. La descripción de las provincias mencionadas, Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, eran una subdivisión geográfica conocida como “Asia Menor”, al este del Mediterráneo, que hoy se conoce como la nación de Turquía.

El Apóstol llama a sus destinatarios los elegidos, el pueblo escogido de Dios, que fue un título dado a Israel. “Porque tú eres un pueblo santo del Señor tu Dios; el Señor tu Dios te ha escogido para que seas Su pueblo especial, entre todos los pueblos que hay sobre la superficie de la Tierra” (Dt 7.6). Pero la nación de Israel falló en lo que Dios le había asignado; porque, cuando Dios envió a Su Hijo al mundo, le rechazaron y crucificaron. Cuando Jesús contó la parábola de los viñadores malvados, les informó que la heredad de Israel se les iba a quitar y dar a otros. (Mt 21.:41; Mr 12:9; Lc 20:16).

Esa es la base de la gran concepción novotestamentaria de la Iglesia Cristiana como el nuevo Israel, el Israel de Dios (Gálatas 6:16). Todos los privilegios que antes habían pertenecido a Israel ahora pertenecerían a la iglesia cristiana, escogida por medio de “la presciencia de Dios”, es decir el pre-conocimiento de Dios.

La victoria plena fue alcanzada en el Calvario para todo “aquel que cree” y está dispuesto a “obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo”. El Espíritu Santo estará siempre presente para confirmar a los elegidos, santificarlos y prepararlos para buenas obras, a fin de que puedan mostrar todas las cosas que convienen a una vida regenerada.

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