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Una esperanza viva y una herencia, 1 P 3-12


1:10-12 “ Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, 11 escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos. 12 A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles”.


Un laborioso e incesante trabajo realizaban los santos del Antiguo testamento, que tenían puestos sus ojos en la salvación mesiánica, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, sobre la venida del Mesías.Es decir, sabían que un mesías vendría, (Meshiah en hebreo, Christus, en griego), pero no sabían cuándo.

El Espíritu de Dios que actuaba en los profetas del Antiguo Testamento es el Espíritu de Cristo, enviado del cielo y conocido por el Antiguo Testamento. Para Pedro no comenzó la acción de Cristo cuando Jesús apareció en Galilea; como estudioso de las Escrituras desde niño, participaba de la misma expectación de los antiguos. El Antiguo Testamento se liga con el Nuevo, en forma maravillosa. Cristo fue quien envió aquel Espíritu que habló en los profetas, y Él es también ahora Aquel en cuyo nombre derramó el Padre su Espíritu sobre la Iglesia primitiva, el día de pentecostés, y que Pedro bajo esa unción lo confirmó anunciando a la multitud que lo dicho por el profeta Joel, se estaba cumpliendo: “que el Espíritu Santo se derramaría sobre toda carne” (Hch 2:17-21).

Pedro establece una asociación de la imagen del Señor glorificado y del señor que sufre, para que, de igual manera los creyentes deben tener parte de sus padecimientos para luego tener parte en su gloria. En la vida del cristiano, la cruz no debe de perderse de vista, así como nunca separar la gloria del resucitado, ya que en ella se revela el gozo inefable de la salvación.

El autor concluye su acción de gracias que comenzó en el verso 3, afirmando que todo ello lo anhelan mirar los ángeles, es decir mirar a Cristo como lo ven los hombres que son transformados de una vida de pecado, a una vida gloriosa de perdón y redención. Todo como producto de un mensaje predicado por otro pecador.Hasta los ángeles ansían contemplar esta admirable etapa de la historia salvífica de Dios. o, para decirlo con más profundidad y verdad: los sufrimientos y la gloria de Cristo, que vive constantemente su Iglesia.

© 2022 La Biblia Continental. Todos los derechos reservados. Diseñado por Creating Destiny Graphics. Biblia Reina Valera 1960 y El texto bíblico ha sido tomado de la versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso. Reina-Valera 1960® es una marca registrada de American Bible Society, por lo cual se puede usar solamente bajo licencia.