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Deberes conyugales, 1 P 3:1-7

3:3-6 “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos; como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza.”


El apóstol Pedro toca ahora el tema sobre la forma de vestir de las mujeres cristianas. Coincide con la enseñanza del apóstol Pablo, al hacer mención que lo externo no supera lo interno de la persona. Así como Pablo recalca “las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad” (1 Ti 2:9-10); el apóstol Pedro en el mismo sentir recomienda a las mujeres ignorar tales detalles por el hecho de que no es su principal objetivo para agradar a Dios. Las señales distintivas eran el peinado, los adornos y la vestimenta que se usaba entre ellas, por lo que el apóstol Pedro tiene cuidado de enseñar que hay algo más importante que un peinado o un vestuario, y es contar con “el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios”. No dice en ningún momento que no deban vestir bien o usar elementos de belleza, sino que se refiere a que la actitud hacia Dios es más importante. En el arreglo personal exagerado puede involucrarse tiempo, energía y dinero; aspectos que vienen a ser poco, cuando se tiene lo más valioso que es la belleza en la actitud de adoración, que nunca se marchita.

Para Meditar

La referencia al adorno exterior, hace unos años, era un tema que no escapaba en toda reunión ministerial pequeña o grande. Los tiempos han cambiado, un alto porcentaje de mujeres creyentes trabaja, por lo que se ve con más naturalidad el arreglo femenino tanto en los templos como en la vida diaria.Por otro lado, así como no se debe estar obsesionados con la moda, luciéndose o criticándose en la iglesia, tampoco se debe descuidar el arreglo personal. Pedro recalca que lo más importante es la belleza que viene de adentro y se manifiesta en las actitudes que se tengan ante los demás. Una vida transformada habla por sí sola, y en el caso de los maridos inconversos, que tristemente son muchos, será la hermosura interior la que les ganará .

“Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios”, El apóstol Pedro para fortalecer la enseñanza del atavío y de la sujeción al esposo, por parte de las mujeres de la iglesia; hace mención que existieron mujeres del Antiguo Testamento que pueden ser ejemplos para ellas. Aunque no se menciona esta larga lista de mujeres santas que esperaban en Dios, a excepción de Sara esposa de Abraham, podemos mencionar entre ellas a Débora (Jue 4:4,5), Ana (1 S 1:4,5), Rut (Rut 4:10,11), Ester (8:1-5), entre otras más, que sin duda tuvieron un buen testimonio delante de Dios y de su esposo.



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