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Humillación y exaltación de Cristo

2:5-11 “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.10Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”


La divinidad, el señorío de Cristo y lo que Él hizo, impactó tanto la vida del apóstol, que le hace producir una de las declaraciones de mayor fuerza e importancia, y de lo más bello que se ha dicho de Cristo, en el Nuevo Testamento. “Siendo en forma de Dios”. Prueba irrefutable de que Cristo existió eternamente como Dios. La naturaleza divina tenía en sí infinita hermosura, esa hermosura era “la forma de Dios”. Cristo es la expresión perfecta y absoluta de la esencia de Dios, (B. de las Américas, pág 1638), en un estado de igualdad con Dios, teniendo la misma esencia (Coment.Exeg.pág 495). En Colosenses 1:15-19, un pasaje muy semejante a este de Filipenses, Pablo declara: “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación”. Y el escritor de Hebreos, resaltando a Jesús, reflejando al Padre, lo describe como: “el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia” (1:3) Una visión de Él “en forma de Dios” previa a la encarnación, fue dada a Moisés junto a Aaron, Nadab, Abiú y setenta de los ancianos de Israel. Éxodo 24:10,11 registra: “y vieron al Dios de Israel”. “se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, (esclavo sujeto a la voluntad de su Padre Celestial) hecho semejante a los hombres” Se humilló primero al tomar para sí nuestra naturaleza, y luego humillándose aún más en dicha naturaleza (Ro 15:3). Cristo Jesús, Dios eterno, se despojó de su divinidad, para tomar un cuerpo mortal, semejante al cuerpo de los hombres, para así morir en una cruz.

NOTA HISTORICA

y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Pablo describe una doble humillación del Señor: haberse hecho hombre ya es una humillación, pero el hacerse obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. constituye otra. Deuteronomio 21:22,23 autorizaba colgar en un madero a quien cometiera un delito muy grave, precisando que “maldito por Dios es el colgado en un madero” (Gá 3:13). Los romanos en su tiempo, no solamente colgaban a los malhechores, sino que los crucificaban, ya no en un solo madero, sino en dos, formando una cruz. Esa muerte era muy degradante, al grado que los ciudadanos romanos no podían ser castigados en esa forma. Nuestro amado Jesús fue considerado un malhechor merecedor de ser castigado así”






Para Meditar

conociendo lo que dejó en su gloria celestial, por venir a morir por pecadores como nosotros, debiera exhortarnos a caminar firmemente delante de su presencia y agradarlo en todo momento por el simple hecho que Él ya lo hizo cuando caminó en esta tierra. Dios el Padre permitió cada una de las cosas que le acontecieron a su Hijo unigénito, porque solamente a través de su sacrificio podríamos recibir salvación



Francisco Lacueva en su libro “Un Dios en tres personas” expresa que: “el momento de la Encarnación no supuso un cambio en la persona del Hijo de Dios, sino la nueva existencia de una naturaleza humana (creada) asumida por el Verbo en unión hipostática. (“la unión hipostática del Verbo”, como le llaman otros). Es decir, se hizo hombre sin dejar de ser Dios, como aparece en Juan 10:30: “Yo y el Padre uno somos”. El apóstol Pablo no dice que el Hijo cambió o dejó la esencia de Dios para tomar la esencia de hombre, sino que siendo en forma de Dios (poseyendo la naturaleza divina que se manifestaba en la majestad inaccesible) no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse.

“Dios también le exaltó hasta lo sumo”. Es una referencia a la resurrección, ascensión y glorificación de Cristo. El apóstol Pedro le dijo a la multitud, el día del Pentecostés: “sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha hecho Señor y Cristo”. (Hechos 2:33-36)

“le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra” Es decir, el máximo honor de darle un nombre que refleja su dignidad, rango, oficio y majestad. Un nombre de autoridad, de mediador, de abogado, de Salvador y de esposo de su amada iglesia. Todo lo que lo hace digno de ser adorado y honrado como Señor. 11y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”

Con este nombramiento el Señor anuló un destino fatal para la humanidad: “anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.” (Colosenses 2:14-15).

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