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EPÍSTOLA DE SANTIAGO CAPÍTULO 3

Sabiduría para controlar la lengua, Stg 3:1-2

3:1-2 “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.  Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.”


Santiago tiene en mente las palabras de Jesús, mencionadas en Mateo 23:10 “Ni seáis llamados maestros”. El Gran Maestro expresa estas palabras considerando a los instructores de la Ley, los escribas y fariseos, quienes predicaban los mandamientos, pero no los cumplían. Los judíos eran muy proclives a la presunción de distinción de ser llamados “rabi”, es decir maestro.

El apóstol quiere que los creyentes sean distintos a los considerados maestros de la Ley, quienes mostraban arrogancia y una completa desobediencia a la misma. El cristiano tiene muchos obstáculos que vencer, para alcanzar la medida del maestro y controlar lo que se habla, es muchas personas, el principal de ellos.

Ser maestro dentro de la iglesia lleva más responsabilidad que los demás ministerios, ya que es por medio de la palabra que se instruye o confunde, se exalta o de destruye.

“Mayor condenación” significa que quién tiene más grande distinción, tiene mayor compromiso, por lo tanto, si se falla, el castigo será también mayor. Esto debe estar claro en la mente del creyente, y más en el liderazgo de la iglesia. En ese tiempo eclesiástico primitivo, muchos recién convertidos enseñaban lo que habían aprendido de los apóstoles de Jesús, y aunque bien intencionados, lo hacían de manera tergiversada. Santiago no condena el oficio, sino la precocidad de algunos para para ejercerlo, sin esperar que sea parte de la dotación de dones que se tiene (1 Co 12:28).El apóstol Pablo quien hace una básica recomendación a Timoteo, sobre la elección de ancianos en sus iglesias de Éfeso: “no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo”. (1 Timoteo 3:6). Santiago sabe que Jesús hizo énfasis en la importancia de “lo que se habla”, por lo que se incluye en la expresión “todos ofendemos”. Sabe que el Maestro dijo que “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34), tratando de explicar, Jesús, que el hablar es una manifestación de lo que se siente, de lo que está en el interior del ser humano. El controlar nuestras palabras, sin ofender a nadie, es una evidencia de la madurez espiritual que se tiene, y al mismo tiempo da testimonio que se poseen otras cualidades para el ministerio.



Para Meditar

El verdadero creyente es capaz de controlar su carácter y temperamento en cualquier circunstancia. Esto se revela en la respuesta que da ante una situación adversa que se le presenta. Proverbios dice que “la blanda respuesta aplaca la ira” (Prov. 15:1), esta conducta debe ser inseparable del verdadero cristiano.

Nota histórica

En los tiempos de Jesús, un rabino era considerado “maestro”. El término proviene del hebreo Rav que significa venerado, grande. El término en connotación aramea, derivó a Rabb que significa Señor. Es incuestionable que al Señor Jesús se le dio el título de Rabino judío, como lo narra Marcos en el encuentro con Judas, en el Getsemaní, (Marcos 14:45) y Juan en el encuentro del Señor con los discípulos (Juan 1:38).

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