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TIMOTEO CAPÍTULO 3

Requisitos de los obispos, 1 Ti 3:1-7

3:1 Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea.


En el desarrollo de esta carta, la frase “palabra fiel” se menciona tres veces (1 Ti 1:15; 3:1; 4:9), razón por la cual conviene manifestar hoy, la misma intensidad que tenía el Apóstol al orientar al joven pastor Timoteo. En ella se vierte el interés para que esa generación y las generaciones que vendrían recibieran la enseñanza de los años ministeriales que lo avalaban. Si se parafraseara para una mayor comprensión, se leería: “se dice y es verdad”. Considerando que era la primera generación de cristianos por todo el vasto imperio romano, se puede afirmar que ya las congregaciones estaban bien organizadas con cargos y responsabilidades.

Puede decirse que la labor de los ancianos-pastores-obispos tiene su antecedente en la época de Moisés, cuando 70 varones de los ancianos de Israel, que eran principales, fueron elegidos para llevar “la carga del pueblo”, junto con Moisés (Nm 11:16). Otorgándose funciones parecidas en el tiempo de las sinagogas, en donde surgieron “principales” con capacidades para administrar, enseñar y corregir. El respeto era la vestidura de honra que los mantenía en pie ante el pueblo, como padres juzgando cuestiones espirituales, morales y sociales. Hay registros históricos de otras naciones y culturas, que manejaron el cuerpo de ancianos con una noble labor, entre otros, espartanos, romanos, egipcios y griegos.

Desde el ministerio del Hijo del Hombre en la tierra, y luego ampliado y precisado el concepto por los apóstoles, se mencionaron los dones y ministerios, para que por obra del Espíritu Santo se ejercieran en la iglesia. La palabra “desea” es un término muy comprometedor que proviene del griego epidsumeo, que implica poner el corazón, implicando serle fiel al Señor.

El término obispo proviene de episkopos, es decir el que tiene cuidado pastoral o es pastor. En ocasiones se aplica a un supervisor o superintendente.



Para Meditar

Respecto a anhelar obispado debe entenderse que, el obispado o pastorado, surge de una elección divina, pero que también es algo que la persona anhela, y tal deseo es una confirmación del llamado de Dios. Aunque es cierto que se implica un reconocimiento para el aspirante, se debe tener presente que en los principios de la iglesia el deseo de servir como obispo significaba sacrificio. Repetidas veces podía desatarse la persecución, tanto de los judíos, de los gentiles o, como ocurrió con frecuencia, de ambos lados. Los falsos maestros hicieron todo lo posible por minar el fundamento de la verdad y del surgimiento de congregaciones que tuvieran al Señor Jesús como el centro de su adoración.

Verdaderamente, en aquel tiempo y en medio de tales circunstancias, no estaban fuera de lugar las palabras de incentivo para el obispado y de elogio implícito, para el hombre que mostraba disposición de servir en ese alto cargo. Y el oficio mismo era ciertamente “una tarea noble”. Aún lo es, ¡pero nunca lo fue más que en las primeras décadas! Situación tan distante en el tercer milenio cuando muchos se autoproclaman mensajeros del Señor, con derechos y prebendas, que nunca se prometieron.

La lista que viene en seguida debe ser el marco de conducta:

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