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Pablo defiende su ministerio, 2 Co 10:1-18

10:12-15 “Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos; pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos, y comparándose consigo mismos, no son juiciosos. 13Pero nosotros no nos gloriaremos desmedidamente, sino conforme a la regla que Dios nos ha dado por medida, para llegar también hasta vosotros. 14Porque no nos hemos extralimitado, como si no llegásemos hasta vosotros, pues fuimos los primeros en llegar hasta vosotros con el evangelio de Cristo. 15No nos gloriamos desmedidamente en trabajos ajenos, sino que esperamos que conforme crezca vuestra fe seremos muy engrandecidos entre vosotros, conforme a nuestra regla;


La RVC 2011 (Reina Valera Contemporánea) presenta estos versículos así:

Con justa preocupación Pablo escribe estas palabras a los corintios, pues él era el fundador, el que había ido sin ayuda de otras personas, a predicar a ese campo nuevo. ¿Cómo que otros apóstoles que no habían hecho el trabajo del misionero, se atribuyeran la obra?

Los falsos profetas llegados a Corinto, se afamaban a sí mismos, se ponían en lo alto menospreciando el trabajo del apóstol Pablo. Inclinando la balanza hacia ellos. Al respecto el Señor Jesús dijo:“Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido (Mt 23:12). La estatura del varón perfecto la alcanza la persona que se mide con la regla de Jesucristo: anhelar ser como Él. Acertadamente el apóstol escribe: los verdaderos creyentes no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con los que se alaban a sí mismos, porque siempre habrá en algún lugar otra persona que sea más usada por Dios. La persona puede ser avergonzada o quedar en ridículo.

Pablo se gloriaba al ver como el Espíritu Santo le respaldaba al llegar a un lugar donde no había creyentes. y que cuando tenía que irse para otro sitio ya había dejado instalada una nueva iglesia. Ver como Dios obraba en los cuerpos de los enfermos o endemoniados y supervisar que los nuevos creyentes recibieran el bautismo con el Espíritu Santo, era el mayor gozo que podía sentir, pues Dios usaba un instrumento que antes era vil y ahora era escogido.

El apóstol San Pablo había sido llamado directamente por Jesucristo y capacitado por el Espíritu Santo, así que su elocuencia la recibía de lo alto, iba directo a la mente y corazón de sus oyentes. “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” Hebreos 4:12.

En la primera carta enviada a los corintios mucho enfatiza Pablo evitar el divisionismo, ya que se habían formado grupos en los que unos decían “yo soy de Cefas, yo de Apolos (algunos de los hermanos de Corinto admiraban a Apolos por la elocuencia de su mensaje y el conocimiento de la escritura), y yo de Pablo”. El Apóstol les exhortaba diciendo que aunque uno hubiera sembrado, otro regado, la obra era del Señor. Sin embargo en este escrito se puede apreciar que los hermanos de la iglesia persistían en sus ideas de enaltecer a algunos y humillar a otros. La regla que utilizaban para medir a los predicadores era carnal, no la de Cristo.  



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