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El sacrificio de Cristo quita el pecado (continuación), Heb 10:1-25

10:10-14 “En esta voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. 11Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; 12pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, 13de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; 14porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”.


La palabra “testamento” se refiere a la voluntad del testador (Heb 9:16-17), y la voluntad de Dios fue que el cuerpo de Jesucristo se ofreciera como un sacrificio único como ofrenda por el pecado; es por ello que el Nuevo Testamento se refiere —principalmente— a esa voluntad de Dios para quitar el pecado de una vez y para siempre. El escritor de Hebreos se refiere una vez más al sacrificio de animales cuando dice: “que nunca pueden quitar los pecados”, aunque estos sean muchos y continuos. Levítico 6:13 dice: “El fuego arderá continuamente en el altar; no se apagará”; también: “Esta es la ofrenda encendida que ofreceréis a Jehová: dos corderos sin tacha de un año, cada día, será el holocausto continuo” (Núm 28:3). Los miles de corderos que se ofrecieron antes no lograron quitar el pecado, pero Cristo —con un solo sacrificio—, acabó con el pecado en un solo día (Zac 3:9).

Y habiendo acabado con el pecado, se ha sentado a la diestra de Dios. De ahí, que aquellos que han creído en Él también terminan con el pecado mediante el sacrificio de Jesucristo. Éstos han sido crucificados con Él, resucitados con Él y sentados en los lugares celestiales con Él (Ef 2:5-6; Rom 6:6; Col 2:12). Y esto de que son sentados en los lugares celestiales se refiere a que los santificados viven pensando en el milenio, cuando reinen con Cristo, y con Él, esperan “hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies” (Mt 22:44; Mc. 12:36; Lc 20:43; etc.). El cristiano vive con la esperanza de Cristo, sentado en los lugares celestiales hasta la consumación de los tiempos, cuando Cristo reine en el trono de David su padre (Lc 1:32), pues ellos reinarán juntamente con Él, esto es, en el milenio (Apo 20:4).

Para Meditar

el texto dice que los que han sido santificados por Cristo han sido hechos “perfectos para siempre”. Esto quiere decir que los salvos han recibido el poder para vivir libres de pecado mediante el sacrificio de Cristo. “La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Jn 1:7). Cada vez que un cristiano se vea tentado a pecar puede recordar esta verdad gloriosa y vencer.

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