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Deberes cristianos, Heb 13:1-19

13:17 “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no es provechoso”.


Sin embargo, quien sigue al Señor y le obedece no le es permitido estar fuera de la iglesia. ¿Podría alguien hacer obras de amor, estar libre de fornicación y adulterio, no caer en la trampa de la avaricia, guardarse en santidad en el cuerpo y el espíritu, padecer vituperio por el Señor y ofrecer sacrificio de alabanza haciendo el bien y ayudando al prójimo estando fuera de la iglesia? La respuesta a esta pregunta es no. Cristo ha ordenado que cada uno pertenezca a una congregación, pues tan sólo de esta manera puede ser parte del cuerpo de Cristo, pues el cuerpo de Cristo es la iglesia (Ef 1:23).

Y en la iglesia Dios ha constituido pastores: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros” (Ef 4:11). No es el hombre quien constituye pastores, sino Dios mismo. Pues una iglesia sin pastor no puede ser iglesia, pues el pastor es quien gobierna la iglesia (1 Ti 5:17), aunque lo debe hacer con humildad, pues Dios le ha puesto para ser ejemplo de la grey (1 P 5:3). Quien hiere al pastor hiere la iglesia de Dios, baluarte de la verdad (1 Ti 3:15), y las ovejas son dispersas (Mt 26:31). Por tanto, manda el Señor que cada uno obedezca a su pastor, en otras palabras, que se someta a su autoridad y haga lo que él o ella le indique.

Nos da las razones de tal obediencia: “porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta”. Por tanto, quien no brinda obediencia a su pastor atenta contra su propia alma, porque entonces se queda sin protección, sin quien vele por su alma. Cuando una persona se somete a la autoridad pastoral puede gozar de los beneficios de la cobertura espiritual de un hombre o mujer de Dios, quien tiene que dar cuenta a Dios por él. Por el otro lado, quien no obedece y no se somete a esta autoridad, se aleja también de esa cobertura y “esto no es provechoso”. La palabra griega que RV traduce como “no es provechoso” es «alysiteles», que significa pernicioso, es decir, una traducción más exacta sería: “porque esto es gravemente dañoso y perjudicial” (Diccionario RAE). Por tanto, la desobediencia al pastor trae un grave daño al alma del desobediente.

La expresión “ellos velan por vuestras almas” , por ello, el verdadero pastor es aquel que vela por aquellos que Dios puso a su cuidado y no uno cuyos dotes de oratoria le hacen estar frente a un grupo numeroso. Consecuentemente, se apela aquí por las congregaciones pequeñas o bien por las congregaciones grandes que están organizadas de manera que nadie se quede sin un pastor que vele por su alma delante de Dios.

La oveja confía en que el Señor, el Príncipe de los pastores (1 P 5:4), le guardará de todo mal (Sal 121:7), y ora por su pastor, para que tenga buena conciencia en todo, como lo ordena el pasaje siguiente.

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