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Continuación…Advertencia contra la apostasía, He 6:1-20

6:4-8 “4Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos participantes del Espíritu Santo, 5y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y de los poderes del siglo venidero, 6y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. 7Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; 8pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada.


Este es un pasaje polémico. Por lo menos se han mencionado 3 conceptos:
1.-Se refiere a cristianos que llegan a perder su salvación. En los vv. 4-6, el autor de Hebreos presenta el apartarse como una verdadera posibilidad (B. de Est. Pentecostal Pg. 1778)
2.-Es un argumento hipotético para advertir a los cristianos hebreos inmaduros (Heb 5:14) que deben progresar hacia la madurez (6:1). (Biblia NVI comentada Pg 1956)
3.-Habla de personas que nunca experimentaron la regeneración realmente (10:26-31) y solo profesaron ser creyentes. (buscar en el capítulo 10 la amplia nota que escribimos sobre esos versículos).

El autor menciona cinco bendiciones que reciben los creyentes una vez que son salvos:

1. Iluminación, “que los que una vez fueron iluminados”, es decir que, recibieron la luz para que el evangelio resplandeciese en sus corazones (2 Co 4:6; Ef 5:8; 1 Tes 5:5; He 10:32).
2. Salvación, “y gustaron del don celestial” (Ro 5:12-19).
3. Llenura del Espíritu Santo, “y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo” que lo habían recibido. (Hch 2:4; 2:38; 5:32; 10:44; 11:15; 15:8; Ef 1:13; 4:30).
4. La palabra de Dios se había hecho viva en sus corazones, “asimismo gustaron de la buena palabra de Dios” (Jn 15:3; 14:23; 15:3; 17:20; Hch 2:40-41; 4:4; 6:7; 11:14; 12:24; 13:6-12; 13:48; 16:14; 1 Co 1.5; 1 Co 1.18; 1 Co 2:13).
5. Testigos del poder sobrenatural, mediante el cual Dios confirmó el poder del evangelio de Jesucristo “los poderes del siglo venidero” (Hch 1:8; 4:33; 6:8; 10:38; Ro 15:18-19; 1 Co 2:4-5; Ef 1:19; 3:20; Col 1:11; 1 Tes 1:5; He 2:4).

“y recayeron”, gr. parapipto: “caer del lado ó caer en el propio camino, ó caer fuera”. Es decir: abandonar, separar, “cometer apostasía”; el Diccionario Vine del NT lo define como: “caer afuera de la adhesión a las realidades y a los hechos de la fe”. Las Escrituras advierten sobre la realidad de perder la salvación (1 Co 9:27; Col 1:21-23; He 2:2-3; 10:26; 2 P 2:20-21); en esta carta el autor a los Hebreos de distintas maneras menciona este hecho a sus destinatarios.
Importante: El asunto de recaer, no apunta a los pecados de los que cualquier creyente descuidado pueda ser presa, sino, a la renuncia voluntaria de la fe (apostasía) (1 Ti 4:1).

“sean otra vez renovados para arrepentimiento”, el autor menciona el porqué de la imposibilidad de una renovación para arrepentimiento, “renovados” se refiere a “volver a un estado previo de mejor condición”, y ese estado resultaría imposible aun para aquellos que se mantenían en la fe.

Un ejemplo de esto es David. En las páginas de las Escrituras existe un David antes de su pecado con Betsabé, y un David posterior. En la primera parte de su historia se ve un David lleno de victorias y de conquistas con un poderoso respaldo de Dios (1 Sam 16:3; 17:37, 45-54; 18:5, 14, 16; 19:8; 2 Sam 8:5). Tristemente, después de su pecado (2 Sam 11), se puede observar a un David desorientado, atribulado, temeroso y angustiado. Baste ver todos los hechos que siguieron hasta el día de su muerte; y aunque David fue perdonado (2 Sam 12:13), nunca se reintegró a una mejor condición. (Salmo 51 ).

El autor advierte a los hebreos sobre esta delicada situación, exhortándoles a no volver atrás, o a no rechazar la salvación por gracia, que habían recibido, mediante el sacrificio de Cristo. Regresar a las costumbres y tradiciones judías de donde ya habían salido, no solamente haría imposible ser renovados sino también casi imposible volver a la fe, “crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio”, es decir que Cristo fuera de nuevo crucificado a favor de ellos.

Una vez que esos creyentes renunciaron al Hijo de Dios, renunciaron a la vida. Dios lo dio todo en su Hijo, quien sufrió el martirio para salvarles de la condenación.

“Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios”, con esta ilustración el escritor explica a sus lectores la necesidad de mantenerse como tierra fructífera, ya que:
a) la tierra, es símbolo del corazón del creyente.
b) la lluvia, es símbolo de la palabra de Dios y toda bendición espiritual.
c) la hierba, “vegetales” es símbolo del fruto del Espíritu Santo en los creyentes.
d) la bendición de Dios, es una realidad plena.

Es Dios quien ha sembrado su palabra para hacerla fructificar en los corazones de toda la iglesia, quien ha enviado lluvias de ricas bendiciones y dones espirituales por medio de la obra expiatoria de Cristo. Ahora corresponde a los creyentes producir el fruto deseado por Dios. “pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, esta palabra griega “adókimos”, implica aquello que: “no es aprobado”, “que es rechazado”, “que es indigno”. Ningún labrador de la tierra espera que la tierra le produzca espinas o cardos inútiles, y que de nada sirva la lluvia; de la misma manera, Dios no espera que los creyentes que han sido lavados y comprados con la sangre de Cristo produzcan frutos estériles y sin ningún provecho.

Sería indigno y reprobable que aquellos que han salido de la esclavitud de la ley, volvieran otra vez a buscarla y aferrarse a ella, retrocediendo al estado de obras muertas que nunca podrán acercar al hombre a Dios, esta tierra “está próxima a ser maldecida”, del griego katára, “imprecación”, “execración”; el Diccionario Swanson menciona que “maldito”, es “aquel que ha sido objeto de una maldición”. Es probable que el predicador tenga en la memoria las palabras del Señor Jesús registradas en Mateo 21:18-20, cuando al tener hambre (símbolo de la justicia divina); buscaba fruto en la higuera (símbolo de Israel), y no lo halló (esterilidad). Las palabras del Señor fueron contundentes aquel día contra la higuera: “nunca jamás nazca fruto de ti” (maldición), y la higuera, como narran los evangelistas, se secó (juicio). Todo aquel que no ofreciese los frutos de justicia, recibiría de parte de Dios el castigo por su descarrío, “y su fin es el ser quemada”, (Mt 3:9-10; Lc 38-9) gr. “kaúsis”, “el acto de arder”.


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