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El Hijo, superior a los ángeles, He 1:4-14

1:4-7 “hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos. 5Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, Yo te he engendrado hoy,1a a y otra vez: Yo seré a él Padre, Y él me será a mí hijo?2b 6Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios.3c 7Ciertamente de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles espíritus, Y a sus ministros llama de fuego”.4d


En el pasaje anterior, el autor de Hebreos se ocupó de demostrar la superioridad de Cristo Jesús sobre los profetas, ahora, abre un espacio para demostrar Su superioridad sobre los ángeles.

Posición y función de los ángeles

La palabra “ángel” significa mensajero, enviado, agente. (mal’ak, en hebreo; angelos, en griego). En su relación con Jesús, Hebreos 1:6b precisa algo muy importante: cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios. Son los mensajeros o siervos celestiales de Dios (Heb 1:14), creados por el Señor antes que comenzase la tierra (Job 38:4; Sal 148:25; Col 1:16). La Biblia habla de una multitud de ángeles buenos (1 R 22:19; Ap 5:19), en las Escrituras se registran a dos por sus nombres: Miguel, a quien se le llama arcángel (Dn 12:1; Jud 9;Ap 12:7) y a Gabriel (Dn 9:21; Lc 1:19,26). Se menciona también a serafines (Is 6:2), querubines (Ez 10:1-3) á ángeles con autoridad y dominio (Ef 3:10; Col 1:16) y a las miríadas de espíritus ministradores angelicales (Heb 1:14; Ap 5:11).

7Ciertamente de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles espíritus, Y a sus ministros llama de fuego”. Son presentados en la Biblia como espíritus poderosos, e imponentes, que ejecutan los juicios de Dios; el Salmo 103:20, dice: “Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles, poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra, obedeciendo a la voz de su precepto”. Como espíritus no están sujetos al mundo natural, y por tanto son superiores a los hombres, pues, pertenecen al orden celestial (Salmo 8:5). El apóstol Pedro en su segunda epístola hace una referencia a los ángeles diciendo, que ellos “...son mayores en fuerza y potencia” (2 P 2:11); son seres muy superiores a los hombres, están puestos por Dios para ser espíritus ministradores a favor de los creyentes.

Ellos solo cumplen las órdenes del Señor, y aunque se les ve ejecutando juicios y castigos entre los hombres (Véase: 2 Sam 24:16; 2 R 19:35; 1 Cr 21:12-15; 1 Cr 21:20-30; 2 Cr 32:21; Isa 37:36), la mayoría de las veces, los ángeles aparecen como mensajeros y embajadores (Ex 3:2; Jue 2:1; 6:11-12; 1 R 1:3, 15; 1 Cr 21:18), que están al servicio de Dios (Sal 103:20-21), y aunque ellos no están autorizados para predicar el Santo Evangelio (Hch 10:1-6; 11:12-14); colaboran activamente en la predicación del Evangelio y la edificación del Cuerpo de Cristo junto con aquellos que serán herederos de la salvación (Heb 1:14). Ejemplos en Hechos 5:19; 8:26; 12:7-11; 27:23-24.

Nota histórica controversial:

“Los rollos del Mar Muerto”, reflejan la expectativa que muchos judíos tenían, de que el arcángel Miguel fuera la figura suprema del reino mesiánico. La Septuaginta (versión griega del Antiguo Testamento) que el escritor de la Epístola usa, refleja el desarrollo de la doctrina de los ángeles, durante el período de 400 años que transcurrieron entre los dos testamentos. Ese tiempo estuvo marcado por un aumento inusitado de tradiciones orales, las cuales llegaron a formar parte importante de la enseñanza judía. En los tiempos de Jesús, estas tradiciones y costumbres habían alcanzado un nivel de aceptación mayor que la ley de Dios (Mt 15:2, 3; Mt 15:6; Mr 7:3, 5, 8, 9, 13); la tradición rabínica más aceptada en los tiempos de Jesús no había conducido a los judíos practicantes a la verdad, sino que, les había conducido al error (Mt 22:29-30). En el pensamiento judío de esa época se consideraba a los ángeles como mediadores entre Dios y los hombres, que Dios hablaba por medio de los ángeles y que los ángeles llevaban las oraciones a la presencia de Dios.

Por eso, notablemente, el autor de la Epístola a los Hebreos dedica los 11 versículos restantes del capítulo uno (1: 4-14) y 9 versículos del capítulo dos, (2:1-9) a precisar el lugar de los ángeles y a quitar toda duda sobre la función única del Hijo, no comparable con ningún ser creado. En la Epístola se precisa la inmensa superioridad de Cristo:
1. “hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos (v.4).
2. Cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios (v.6)
3. del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; Cetro de equidad es el cetro de tu reino (v.8)
4. Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo (v.9)
5. Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos… tú eres el mismo y tus años no acabarán (Vs.10-12)

Era necesario que los creyentes del siglo I, supieran que los ángeles son fieles servidores del Hijo de Dios, pero solo Jesucristo puede regir con justicia. Solo Jesucristo es el Hijo y tiene los mismos privilegios y deberes que su Padre; es Dios, es el Rey Eterno, el único Gobernante Justo.

Cristo es Superior a los ángeles (1:4-14):
Debido a su posición de Rey: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo
Debido a que es Dios: “ Tu trono, oh Dios ”
A causa de su rectitud: “ Cetro de equidad es el cetro de tu reino ” En cuanto a su jerarquía:
Cristo es Hijo Los ángeles son servidores
Cristo es Rey Los ángeles son súbditos
Cristo es Creador Los ángeles son criaturas

Para meditar:

Aún en la actualidad existen demasiadas personas que le dan un lugar más importante y de honor a los ángeles, santos y vírgenes, hombres y mujeres con imperfecciones, dejando de lado a Jesús el Hijo de Dios, quien tiene todo poder y autoridad sobre todas las cosas creadas el único que puede salvar y perdonar pecados. Aun hay oportunidad para ver al supremo Hijo de Dios y darle el honor y alabanza que solo Él merece.

1a1.5: Sal. 2.7.
2b1.5: 2 S. 7.14; 1 Cr. 17.13.
3c1.6: Dt. 32.43 (Gr.).
4d1.7: Sal. 104.4.

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