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Puestos los ojos en Jesús, Heb 12:1-11

12:9-11 “Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? 10Y aquellos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. 11Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados”.


El escritor de Hebreos habla del respeto que es debido a los padres y al cumplimiento del mandamiento de honrarlos; y que los padres, teniendo el derecho de disciplinar a sus hijos, eran venerados por ellos. Porque quien disciplina adecuadamente a sus hijos termina por cosechar la veneración de ellos, es decir, un alto respeto. Ahora bien, ¿qué de Dios mismo?, ¿qué del Padre de los espíritus? Pues dice que obedecer al Padre de los espíritus, es decir, a Dios mismo, produce vida (“viviremos”). La disciplina de los padres terrenales tiene el fin de la corrección de la conducta, conduce a los buenos ciudadanos y a los benefactores de la humanidad, pero la disciplina del Padre de los espíritus conduce a la santidad. Se deduce, por tanto, que el objetivo de la disciplina de Dios es que el cristiano viva una vida santa, es decir, que tenga parte con Cristo.

La disciplina no “parece ser causa de gozo, sino de tristeza”, pero con todo, debe de sufrirse, pues Dios ordena que los cristianos sean “sufridos en la tribulación” (Rom 12:12), es decir, que la disciplina de Dios debe soportarse con paciencia, hasta que pase. Dios mismo nos hace salir de la tribulación, del tiempo de la disciplina: “No ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Cor 10:13). Y cuando el cristiano se arrepiente, y buscando a Dios de todo corazón, encuentra la santificación, el objetivo de Dios en ese momento se cumple. El fruto de la disciplina da su “fruto apacible de justicia” cuando los que son disciplinados entienden y aceptan que este sufrimiento es debido a su maldad y desobediencia propias.

© 2021 La Biblia Continental. Todos los derechos reservados. Diseñado por Creating Destiny Graphics. Biblia Reina Valera 1960 y El texto bíblico ha sido tomado de la versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso. Reina-Valera 1960® es una marca registrada de American Bible Society, por lo cual se puede usar solamente bajo licencia.