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Jesús el gran sumo sacerdote, Heb 4:14-16

4:14-16 “Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. 15Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. 16Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro 5


El tema del sumo sacerdocio abarca del 4:14 al 5:10. Será muy útil, para comprender con mayor claridad la consagración y las funciones del sacerdocio, leer los capítulos 28 y 29 del libro del Éxodo; el capítulo 8 de Levítico y desde luego Hebreos 5, 7 y 9.

Ya se mostró en los capítulos previos que Cristo es superior a los profetas, a los ángeles, a Moisés y a Josué. Aquí brevemente se le muestra como superior al sumo sacerdocio Aarónico.

En el tiempo que los Israelitas salieron del cautiverio de Egipto, Dios a través de Moisés les indicó como construir el tabernáculo donde Él moraría. También les dio instrucciones detalladas acerca de las ofrendas y luego les dio indicaciones sobre las funciones del sacerdocio.

Aarón tenía que purificarse debidamente cada año, antes de entrar al Lugar Santísimo. Jesús el Hijo de Dios, anduvo entre los hombres, pero nunca cometió pecado, Él fue santo siempre, y aunque no traía una tiara de oro que dijera “Santidad a Jehová” en su frente, traía eso y más, bien grabados en su mente y corazón.

Era necesario que en la consagración al sumo sacerdote se le rociara sangre en el lóbulo de la oreja derecha y en el pulgar de la mano y del pie derecho, porque necesitaba que sus oídos estuvieran atentos a la voz de Dios y sus manos y pies dispuestos a ir a donde Dios le enviaba. Jesús no necesitó del rociamiento de sangre, pues Él vino para hacer la voluntad de su Padre y dar a conocer los misterios escondidos de Dios. El sumo sacerdote Aarón es una figura o Tipo, de lo que vendría a ser Jesús para su pueblo.

El autor de Hebreos busca llegar a esta gran verdad. En el Antiguo Testamento era el Sumo Sacerdote el único que entraba cada año al lugar santísimo, siendo el enlace entre Dios y los hombres. Jesús al realizar la función de Sumo Sacerdote vino a relacionar a Dios con el hombre y al hombre con Dios. El rasgado del velo del Templo de Jerusalén cuando Jesús expiró, revela como ahora a través de Jesús se puede entrar al Lugar Santísimo. Su misión es introducir al hombre a ese lugar, que es precisamente la presencia de Dios.

Para Meditar:

En la actualidad, solo se necesita vivir en santidad para entrar a la presencia del padre. En el Antiguo Testamento, una vez al año le era permitido entrar al sumo sacerdote al Lugar Santísimo. Con Jesús como sumo sacerdote, todos los días y a todas horas se puede disfrutar de ese privilegio.

William Barclay menciona que si algún ser humano sabe de vencer la tentación es el Señor Jesús, porque el hombre ordinario, al menor síntoma de dolor se acobarda y en la tentación cede. Sin embargo Jesús luchaba para no ceder a la tentación y su acérrimo enemigo Satanás, le ponía pruebas más duras para hacerlo caer; cuando el dolor es difícil, llega la agonía y con la agonía el desmayo. Muchas noches oró en la montaña solo, donde sintió la agonía ante la prueba, como la Palabra expresa: “Jesús fue tentado en todo, pero sin pecado”. Es por ello que Él puede compadecerse de las debilidades del ser humano, mandado al consolador para que fortalezca al ser humano y pueda pasar las pruebas.

16 “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” Aquí se usa el vocablo Proserchomai, palabra griega que se traduce como juntarse a, estar de acuerdo con. Para juntarse a alguna persona y pedirle ayuda es porque cree que le puede ayudar. Para ello se debe de estar de acuerdo con el procedimiento que utilice el que va a ayudar. Un ejemplo bíblico se encuentra en Juan Capítulo 9, Jesús fue y le untó lodo en los ojos al ciego, y le dijo ve y lávate en el estanque de Siloé. El ciego fue y se lavó y recibió la vista, porque estuvo de acuerdo con el método de Jesús; no le puso condiciones, o quiso que fuera de inmediato, su fe para ser sano se activó al obedecer.

Jesús como el sumo sacerdote es el que puede acercar al ser humano a Dios. Él está junto al trono de la gracia intercediendo por cada uno de los que se acercan a Él. Así como el pueblo de Israel iba ante el sumo sacerdote llevando la ofrenda y el sacerdote entraba al lugar santísimo donde estaba el arca del pacto.

Alcanzar misericordia y hallar gracia.
El famoso pastor y predicador por TV, el Dr. Charles Stanley, define estos conceptos:
Misericordia, significa que Dios no nos da lo que nosotros merecemos.
Gracia, significa que Dios nos da lo que nosotros no merecemos.

El sumo sacerdote del Antiguo Testamento no podía hacer misericordia y dar gracia a un hombre transgresor, mucho menos dejarlo entrar al Lugar Santísimo, o interceder por él. El Señor Jesús lo hace con todo aquél que se acerca a Él confiadamente, le muestra su misericordia y le otorga de su gracia, como un oportuno y propicio socorro.

“retengamos nuestra profesión”.
Los hebreos dispersos en el imperio romano en la época que fue escrita esta Carta, eran obligados a negar su fe, profesión en este texto quiere decir lo mismo que confesión. Así que en la dura prueba estaban tentados a dejar su confesión de fe y su confianza en Cristo. El autor del libro ofrece una palabra de aliento, considerando que Jesús el sumo sacerdote lo comprende perfectamente, porque el padeció eso y más. Todas las pruebas y tentaciones Él las pasó, y al no ceder, las pruebas se hacían más duras hasta que su enemigo supo que usara las estrategias que quisiera, no iba a ceder Jesús.

Esto, se puede ver claramente durante los cuarenta días de ayuno que tuvo Jesús (ver comentario a Lucas 4:3-13). Cuarenta días de hambre, temor a las fieras y aun satanás utilizando la misma palabra de Dios para hacerle caer. Gloria a Dios, por su hijo perfecto y sin mancha, que supo mantenerse firme, sabiendo que la gloria era para su Padre Celestial quien le daría la Victoria. Así que cada persona que necesita oportuno socorro, sólo debe acercarse a Jesús y decirle su necesidad.



5(He 4–5). Miami: Sociedades Bı́blicas Unidas.



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