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¿Está dividido Cristo? 1:10-17

1 Corintios 1:10-17
“Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. 11Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. 12Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. 13¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo? 14Doy gracias a Dios de que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a Crispo y a Gayo, 15para que ninguno diga que fuisteis bautizados en mi nombre. 16También bauticé a la familia de Estéfanas; de los demás, no sé si he bautizado a algún otro. 17Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo”.


Pablo comienza esta nueva línea de pensamiento haciendo una súplica: os ruego (gr. parakaleoo), y no es cualquier súplica, la palabra significa súplica intensa en Lc. 8:41 Jairo le rogaba mucho a Jesús que entrase en su casa donde su hija de 12 años agonizaba. La expresión muestra impotencia de quien implora. La súplica paulina es de que no hubiera divisiones (gr. sismas) entre la iglesia de Corinto, deberían estar unidos hablando una misma cosa, es decir, teniendo un mismo parecer. Perfectamente unidos es una expresión preciosa. Perfectamente unidos en griego es una sola palabra: katarthizo, significa complementado, remendado, restaurado, apto, muestra que hay lesión pero que se lleva luego a algo a estar bien, “perfectamente”, es decir, con cicatrices, sí, pero no con lesiones de muerte. Pablo parece indicar que en la iglesia no habrá una perfección de comportamiento entre todos, pero sí debe haber restauración, remendar a los rotos, complementar lo que a otros les hace falta.

Una curiosa expresión aparece en la perícopa: un(a) mismo(a). Una tríada de “mismos” aparece graciosamente en el párrafo, como para no olvidarla: “Una misma cosa, una misma mente, un mismo parecer” esta última expresión puede traducirse como “un mismo propósito”. Todas las iglesias deberían tener: una misma actitud, una manera de pensar similar y buscar un propósito, de otra manera la unidad de la congregación se verá comprometida peligrosamente. Se menciona a la persona que la familia que había informado a Pablo eran los de Cloé (v.11). Cloé era una hermana piadosa que estaba preocupada por lo que estaba sucediendo en la congregación. Ella afirmaba que la iglesia de Corinto tenía contiendas, es decir, lucha, discordia. Los espirituales y carismáticos hermanos pentecostales que oraban mucho y tenían dones espectaculares estaban en una pugna interna muy carnal, esto nos demuestra que lo espiritual puede caer en severo desorden, si no hay liderazgo que adoctrine.

Pablo menciona que sólo hay un bautizo, no el de Pablo, Cefas o Apolos, y hace un interesante comentario no me envió Cristo a bautizar, se supone que esa orden sí se había dado (Mt 28:19), pero esta enigmática afirmación debe tomarse en el contexto. La pugna seguramente venía del orgullo sobre quien había bautizado a diferentes discípulos corintianos y eso los llevaba a presumir a su bautizador. Pablo menciona que él sólo llevo a la aguas a Crispo, Gayo y a la familia de Estéfanas, mostrando así su punto: lo que vale es quien salva, no el ministro que bautiza, así de simple.

El apóstol menciona que el principal motivo de su ministerio es la predicación del evangelio, no con palabrerías o elocuencia tipo griega, que anonade al oyente, puesto que convencer a las personas con filosofías es hacer vana la cruz de Cristo, como si por sí sola no tuviera poder para salvar al hombre.

Nota Doctrinal:

Los pentecostales son fervientes evangelizadores, pero se les acusa de ser desordenados, Pablo mismo les suplica dejar esa actitud (1 Co 14:40), las divisiones por cuestiones triviales pueden ser el común denominador. Por un lado, en Corinto, estaban los “fundadores de la obra” (los de Pablo) quienes seguramente esgrimían que ellos construyeron la iglesia y tenían derecho a mandar; estaban luego los de Apolos, quienes eran los que debatían por la doctrina, con los griegos y judíos (Apolos significa probablemente “el que ahuyenta el mal”) así que para este grupo era más importante Apolos que Pablo. En tercer lugar estaban los de Cefas, es decir, los del apóstol Pedro, el discípulo que anduvo con Jesús y cuya sombra sanaba enfermos, ellos eran más importantes que los otros, pues seguían a alguien quien había visto a Cristo. Pero los últimos se llevan el premio, estos no podían quedar atrás así que van a la verdadera fuente de todo, ellos decían “yo soy de Cristo”. Generalmente estos siempre son los más desordenados pues no se sujetan a reglamentos, autoridades, ni ley, pues afirman que del cielo directamente bajan sus revelaciones. No es difícil distinguir las pugnas entre los hermanos que estaban llevando al fracaso de la iglesia de aquel entonces.

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