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ROMANOS CAPÍTULO 10
La justicia que es por fe Rom 10:1-21 (continuación)

Nota preliminar: este capítulo es una continuación de las ideas que el apóstol Pablo viene desarrollando desde el capítulo 9. Continúa con el tema central de Israel, su contraste con el pueblo gentil. Habla de la salvación por fe, de su contraste con la justicia de la ley; y de la predicación del mensaje evangelístico como el medio divino para que el ser humano alcance vida eterna.



Romanos 10:1-3
Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación. 2 Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. 3 Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios


Pablo, dirigiéndose a los hermanos romanos abre su corazón para manifestar su anhelo. No era su aspiración nada relacionado con las cosas terrenas, ni los goces que en su tiempo el mundo pudiera ofrecer, sino, la salvación de los perdidos, y en primera instancia, como ya lo había dicho antes, de los de su nación, Israel. La demostración fehaciente de que este anhelo era verdadero es que oraba a Dios por la salvación de la nación. Queda con esto demostrado que la oración por una nación entera tiene valor ante Dios, cuando es para salvación. Sin embargo el concepto de salvación para el pueblo judío era un tanto ambiguo.

Nota histórica, sobre las creencias judías:

El concepto de “salvación” no era un concepto claro en la mente Israelita, partiendo del hecho de que tampoco tenían suficientemente claro el concepto de condenación. Los saduceos en los tiempos de Cristo no creían en la resurrección (Mt 22.23), sino en una filosofía fatalista de terminación o extinción del alma junto con el cuerpo; mientras que los fariseos tenían un punto de vista distinto, creyendo que habría resurrección futura del cuerpo. Sin embargo, los judíos –hasta hoy– no tienen una doctrina definida de la vida futura, ni tampoco del castigo eterno. Es común que entre ellos en alguna discusión se hable de Gehinnom, (ge-hinnom o valle de Hinom) cosa que no se refiere a un lugar de tormento propiamente sino simplemente al sepulcro y en algunos casos a un lugar parecido al purgatorio católico. Otra palabra utilizada es Kabbalah (una especia de cuarto de espera). Ahora bien, en el caso de que alguno cayera en el Gehinnom, este lugar de espera angustiosa o de sufrimiento leve. Y esto según la creencia de la mayoría de los rabís– era para estancia corta, de ninguna manera por la eternidad.

Desde luego que esta ambigüedad en la mente judía acerca de la salvación de un terrible juicio sobre aquellos que no obedecen a Dios, no se debía a una falta del Todopoderoso en informales de ello, sino a su negligencia en estudiar las Escrituras (Mt. 22.29). En el Antiguo Testamento Isaías 66:24 dice: “Y saldrán, y verán los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra mí; porque su gusano nunca morirá, ni su fuego se apagará…”, también Daniel 12:2 dice: “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”.



Nota doctrinal

Fueron necesarias las claras enseñanzas de Jesús y las explicaciones apostólicas, junto al Apocalipsis para entender cuál es el destino final de los creyentes y de los impíos. Debido a esto, tanto Pablo, como todos aquellos que predicaban la Palabra, necesitaron hablar sobre la condenación a fin de que el concepto de salvación tuviera sentido.

(v.2). Porque doy testimonio…los dichos de Pablo con respecto a su pueblo, no eran meramente ideas sueltas fraguadas en una mente osada, sino producto de la inspiración divina y del punto de vista de Dios mismo. Y este testimonio era que su pueblo –la nación israelita– era religioso, y que en su celo, pensaban que agradaban a Dios.



Para Meditar

existen muchos en nuestros días que tienen el mismo sentimiento que se daba en el corazón judío. Gente que desea presentarse bien ante Dios y piensa que sus actos devotos son suficientes para su salvación. La religión, desde el punto de vista social es buena en muchos aspectos, dado que promueve la vida moral y el mejoramiento de la vida comunitaria. Religiosos se han convertido en héroes nacionales y muchos de ellos son dignos de imitarse en aspectos importantes; sin embargo, la religión y la vida moral y de buen comportamiento social o comunitario no es el requisito de Dios para la salvación del hombre.

Pero este celo, aunque Pablo dice: “Bueno es mostrar celo en lo bueno siempre” (Gal 4:18), no embona en el engranaje de la ciencia de Dios para la salvación humana. Prueba de ello, afirma el Apóstol, en estos versículos (10:1-3) es que ese celo ha producido:

a. Que “ignoren la justicia de Dios”: se había desarrollado un total desconocimiento del significado real de la justicia de Dios. Tal y como Jesús explicó a los fariseos, en dos ocasiones en contextos distintos, el real significado de Oseas 6:6 “Porque misericordia quiero, y no sacrificios” (Mt 9:13; 12:7). Y no es que Dios hubiera abolido ya el sistema mosaico de sacrificios en los tiempos de Oseas, sino se debe entender en cuanto al sentido más puro y esencial de la voluntad de Dios. Así, la mente religiosa judía ocupada en cumplir las menudencias de la ley externa de Dios, reducía miserablemente el pensamiento divino a un sistema que pasaba por alto la justicia, la misericordia y la fe (Mt 23:23).

b.- Que establezcan su propia justicia: porque el hombre sin Cristo tratará de justificarse a sí mismo, y aun los más malos buscarán establecer su propia justicia. Tan sólo el poder del Espíritu hace que una persona reconozca su culpabilidad ante Dios; Jesús endosó su obra: “y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Jn 16:8). Con todo, el hombre es inexcusable ante Dios (Rom 2:1). Así, el celo judío había producido justicia propia, pensando erróneamente que eso era lo que les daría aceptación ante Dios.

c.- Que no se sujeten a la justicia de Dios: los judíos, al ignorar la justicia de Dios y al establecer la suya propia se había rebelado contra Dios. Habían dicho en su corazón, “Rompamos sus ligaduras, Y echemos de nosotros sus cuerdas” (Sal 2:3). Un pasaje profético sobre la rebeldía contra el Hijo de Dios.

La religión es buena en sí, cuando se ocupa en un amor sincero al prójimo y la vida santa, como lo dice Santiago: “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” (Stg 1:27). Pero cuando consiste tan sólo en la satisfacción egoísta de la carne, termina en rebeldía contra Dios.

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