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Viviendo en el Espíritu, 8:1-27

Romanos 8:5-8
“Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios”.


Una de las principales características de aquellos que andan en el Espíritu es que piensan en las cosas del Espíritu. La mente se convierte así en el exhibidor, ya sea del andar en el Espíritu o bien del andar en la carne. Pablo detalla aún más este asunto en Filipenses 4:8 cuando dice: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”.

El andar en la carne se caracteriza por una búsqueda constante de los apetitos placenteros que produce la naturaleza pecaminosa. Es una vida de egoísmo, hedonista, y sin trascendencia eterna. Busca lo material, la belleza de lo externo, aunque dentro tan sólo existan huesos de muertos (Mateo 23:27). Por otro lado, el andar en el Espíritu se caracteriza por una búsqueda constante de los valores eternos, de la amistad con Dios, y de todo aquello que a Él le produce gozo. Es decir, una vida centrada en agradar a Dios y no agradarse a sí mismo (Ro 15:1; Gál 1:10; 6:12).

Se trata entonces de una ocupación (v. 6), una inversión de tiempo. El tiempo, recurso no renovable, irrecuperable y tremendamente escaso, es aquello que brindamos a Dios en ofrenda viva (Rom 12:1). Todo aquel que anda en el Espíritu se niega a otorgar tiempo a cualquier actividad carnal. Luego nos dice que “todos los designios (pensamiento, o propósito del entendimiento, aceptado por la voluntad, de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden”. Por esto no podemos engañarnos al pensar que alguna obra de la carne pueda al final ser medio para agradar a Dios (v. 8). Categóricamente, todo aquel que ocupa tiempo en las cosas de la carne es descalificado por Dios.

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