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La promesa realizada mediante la fe, Ro 4:13-25

Romanos 4:22-25
“por lo cual también su fe le fue contada por justicia. 23 Y no solamente con respecto a él se escribió que le fue contada, 24 sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, 25 el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación "


El resultado de esta fe, fue que: “le fue contada por justicia”. Comenta el Dr. James Denney, en su libro Expositors Greek Testament, Comentario sobre Romanos: “Esta fe no es imputada arbitrariamente. Esta actitud espiritual de un hombre que, consciente de su falta de fuerza y de esperanza para el porvenir, se echa sobre Dios y vive por su Palabra prometedora de un futuro de bendición, es la justa y necesaria en el caso de todas las almas frente a Dios, ahora y siempre. El que adopta tal actitud, está bien con Dios en todo lo fundamental”.

Esta clase de fe da gloria a Dios pues anula toda base de jactancia humana y está plenamente persuadida de que Dios es Todopoderoso para cumplir con todo lo prometido (Tito 3:4-7).

La justificación de Abraham se extiende a todos los que creen: “23 Y no solamente con respecto a él se escribió que le fue contada, 24 sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, 25 el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación”.

Los descendientes de Abraham son aquellos que creen en Dios Padre, el cual envió a su Hijo Jesucristo como propiciación por sus pecados y le ha resucitado para la justificación de ellos. Este es el corazón del evangelio..

Pablo lleva a la culminación su relato de la justificación de Abraham por la fe, recordando a sus lectores que tenía significación para ellos también. De estos versículos debemos decir:

1) creemos en Dios, en el mismo Dios quien en los capítulos introductorios de la carta nos puso bajo su juicio, sin justicia en nosotros y sin esperanza de alcanzarla; 2) Creemos en Dios como el que levantó de los muertos a Jesús nuestro Señor. Dios no solo propuso a Jesucristo como sacrificio propiciatorio por nuestros pecados, sino que, al levantarlo de los muertos, sello públicamente la verdad de las últimas palabras de nuestro Señor, que dijo: “Consumado es”.

Abraham aprendió el misterio de la resurrección que anula la muerte, no solo por el nacimiento de Isaac, pues los cuerpos de Moisés y Sara estaban muertos para engendrar, sino también por la ofrenda de éste en el Monte Moriah. Esto que fue figura, lección y anticipación en la experiencia de Abraham llega a ser piedra angular del evangelio, que anuncia como hecho central, que: “Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras; y que fue sepultado y que resucitó al tercer día conforme a las Escrituras” (1a Co 15:3,4).

La muerte de Cristo es el Sacrificio supremo que constituye el fin del pecado y “la muerte de la muerte” (Hebreos 2:14) y que solo pudo propiciar el Trono de Dios; por lo tanto, la Resurrección siempre presupone la ofrenda por el pecado y manifiesta la victoria de la justicia de Dios sobre la iniquidad y de la vida de Dios sobre la muerte.

Resumen: De este capítulo debemos aprender:

1. La fe en Dios ha sido siempre la respuesta por la cual los hombres se reconcilian con él. Abraham respondió en fe cuando Dios se reveló, y esta fe le fue contada por justicia. En el tiempo de Pablo Dios se reveló a sí mismo en la muerte y resurrección de Jesucristo y los hombres respondieron en fe y Dios les reconcilió consigo. Dios siempre busca revelarse a nosotros y espera nuestra gozosa respuesta de fe.

2. El perdón es costoso. Las indulgencias son una imitación barata del perdón. El pecado hace un abismo entre Dios y los hombres. El hombre no puede hacer nada por alcanzar a Dios. No obstante, Dios se humilla para vencer por medio de la cruz ese abismo y así, lograr que el hombre se reconcilie con Dios. Entre nuestros pecados y el perdón de Dios, se levanta la cruz de Cristo. ¡Cuánto costó la reconciliación a Dios! (1 P 1:18,19).

3. Cuando las circunstancias son de lo más oscuras, Dios a menudo manifiesta su poder de un modo excepcional. Cuando la dificultad es grande, nos sentimos menos inclinados a atribuir la liberación a nuestra capacidad o a la mera casualidad. Dios tiene el poder necesario para corresponder a las grandes promesas que nos ha hecho. Debemos recurrir a su presencia en las circunstancias más adversas…. Dios es Dios de los imposibles.

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