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Más que vencedores, Ro 8:28-39

Romanos 8:26-27
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó”.


Los que aman a Dios saben que: “todas las cosas les ayudan a bien”. ¿Quiénes son los que aman a Dios? Son aquellos llamados por Dios para cumplir su propósito, los que no viven para sí, sino para Dios, los que su vida entera se convierte en fracciones importantes de los proyectos divinos, en donde cada vivencia/experiencia tiene su función y coopera en la sinergia del proyecto todo. Es por ello, que aun aquellas cosas que momentáneamente hagan llorar y sufrir, si son dentro del andar en el Espíritu, son necesarias para el cumplimiento del propósito pleno de Dios en ellos.

“a los que conforme a su propósito son llamados”.¿Cuál es el propósito de Dios? Inicia desde el principio mismo del plan de Dios para la humanidad, ubicándose, desde antes de la fundación del mundo (Ef 1: 4; 1 P 1:20). Allí, el Señor pensó en la humanidad y creó el plan de redención por medio de Cristo. Su llamamiento fue primeramente al pueblo judío (Mt 10: 5-6; 15:24), pero diseñado para ser extendido a todo el mundo (Jn 3.16) y particularizado a todos los que creen al mensaje del evangelio (Jn 1:11-12; Hch 13:39; Ro 1:16; 10:4). Luego, justificó a los que creyeron (Ro 4: 5), haciéndolos candidatos para la glorificación (v.30), como nos dice antes, si es que padecemos juntamente con él (Ro 8:17).



Nota Doctrinal

La connotación en tiempo pasado de los verbos “conoció, predestinó, llamó, justificó y glorificó” es porque Dios quien es atemporal, ve el final de los tiempos juntamente con el principio de ellos.

El propósito divino se centra en que toda la humanidad sea conforme a la imagen de su Hijo (a los que conoció y predestinó, v. 29). Este designio se alcanza con el arrepentimiento y la fe, requisitos indispensables de la salvación, y el andar en el Espíritu. De esta manera, Cristo se convierte en el primogénito de todos aquellos que viven para Dios y que por la fe andan en el Espíritu. La vida de Cristo nos demuestra que un ser humano puede vivir cada día de su vida andando en el Espíritu mediante la fe y que es posible cumplir totalmente el plan de Dios para su vida en particular. Jesús es el precursor de la vida victoriosa que da el Espíritu Santo. Es posible llevar tal estilo de vida, ya que no depende del poder humano sino del Espíritu de Dios. Jesucristo dijo: “mi yugo es fácil y ligera mi carga” (Mt 11:30) Si esta clase de vida fuera por méritos humanos sería inalcanzable.

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