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Ahora el Apóstol habla respecto a la parte humana del proceso entero que produce la salvación del hombre. Dios diseñó el plan de salvación antes de la fundación del mundo (Ef 1:4; 1 P 1:20), luego Cristo vino para salvar a los pecadores (Lc 19:10; 1 Ti 1:15), murió, resucitó, se sentó a la diestra del Padre (Rom 8:34; 2 Cor 5:15; Heb 1:3), envió al Espíritu Santo (Hch 2:33) y nos comisionó para llevar el mensaje de salvación al mundo (Mc. 16:15; Mt 28:19-20) y el cumplimiento de esta comisión es la parte humana del proceso de salvación de una persona, de ello también dice Pablo, “porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada”.
Todo cristiano necesita predicar el evangelio en su ámbito, ¿Pero qué hay de aquellos que son comisionados por Dios para ir a otros lugares?. Necesitan ser enviados por el Señor. Pablo cuenta su experiencia cuando Dios le habló y le dijo: “Ve, porque yo te enviaré lejos a los gentiles” (Hch 22:21). El Espíritu dijo también, “apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado” (Hch 13:2).
Cuando Dios envía Él también provee los recursos para el viaje, y aun si quien, como Jonás, fue enviado a Nínive y desobedeciendo gastó el dinero de su viaje yendo a Tarsis, Dios le proveerá un gran pez para que “le lleve a Nínive” y haga su voluntad. Dios dijo a Elías (quien a su vez le dijo a la viuda), “La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la tinaja disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la tierra” (1 R 17:14), así el Señor provee todo lo necesario. Es tarea de la iglesia rogar al Señor que envíe obreros a su mies (Mt 9:38); seguros de que cuando Él envía, Él mismo proveerá de todo lo necesario.
Y los pies del que obedece al llamado de Dios son hermosos (Is 52:7), son pies ungidos con perfume (Lc 7:46), pues son los pies de Cristo mismo quienes van. Son pies cuyo andar produce un sonido de alegría para el Señor y aunque para los que no obedecen al evangelio (v.16) son despreciables, para el Señor siempre serán hermosos y de gran valor. El mismo Isaías profetizó que el evangelio sería anunciado (Is. 53:1), y Jesús dijo que sería predicado en todo el mundo (Mt 24:14), pero no de todos es la fe (2 Ts 3:2). Es decir, no todos escucharían el mensaje de Dios.