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Arengar significa dirigir un discurso en tono solemne y elevado, que se pronuncia para levantar el ánimo de los que lo escuchan.( Diccionario Anaya de la Lengua ). Herodes estaba celebrando en esa ocasión una fiesta fastuosa en honor a César, y al hacer uso de la palabra, vestido de ropas con refulgentes bordados de plata, los arengó de tal manera que, ante su predisposición cultural idolátrica, comenzaron a alabarle como si fuera un dios. El rey no rechazó los vítores ni reprendió la impía adulación.
Nunca olvidar que la humildad, como principio de liderazgo, es de gran relevancia en el reino de Dios. Dios sigue dando gracia al humilde pero al altivo mira de lejos. Conviene ser humildes y rechazar la adulación, porque siervos inútiles somos y toda la gloria es y será siempre para Dios.
El mundo de entonces como el de hoy, admira lo aparatoso, lo apantallador, lo que brilla de manera fulgurante, sin tener contenido ni peso, sólo mera apariencia sostenida por el poder de la elocuencia o de las armas, jamás por la fuerza de la razón. La expresión: “¡voz de Dios, y no de hombre!” en su sentido original era:
“¡Es Dios quien habla, no un hombre!”3 Los astutos habitantes de Tiro y de Sidón tal vez conocedores de la debilidad de Herodes, su hambre y sed de notoriedad, su megalomanía (trastorno mental que consiste en un excesivo deseo de grandeza) al parecer se ponen de acuerdo para adularlo, para hacerle sentirse adorado.
La insólita muerte de Herodes es corroborada también por el historiador judío del siglo I, Flavio Josefo. Dice que paso cinco días agonizantes con dolores de estómago y murió en el año 44 d.C. Esto está de acuerdo con el texto que solo dice que fue herido de inmediato y no que muriera en aquel mismo lugar.