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Estos versículos fueron como un paréntesis, para posteriormente hablar de su conversión. En un lenguaje culto que estaba utilizando Pablo para explicar las cosas que el rey entendía bastante bien, pero que dejaban sin entendimiento a Festo. Le hablaba de la esperanza de la promesa que Dios hizo a nuestros padres, obvio que Agripa sabía de la esperanza de la promesa, pero Festo que era romano no sabía a qué se refería. Pablo recalca que la promesa ya se había cumplido (13:32,33) Jesús ya había llegado, predicado, muerto y resucitado. Las promesas hechas en el Antiguo Testamento se habían cumplido en Jesús (Lc 1:55, 72; Ro 9:4) Los judíos rechazaban esta idea pues esperaban a un libertador que estableciera su reino sobre esta tierra, que les hiciera libres de la esclavitud romana.
Sin embargo, Jesús ya había venido y había traído libertad a los cautivos de Espíritu y su resurrección fue, precisamente, la primicia de las resurrecciones venideras.
Lanza una pregunta irónica ¿Se juzga entre vosotros… que Dios resucite a los muertos? Sí, esa era su esperanza: la resurrección (Mt 22:31,32). Si ellos no creían esto, su esperanza estaba muerta, pues era la promesa que Dios les había dado, que vendría un mesías, un rey eterno. Ese fue el mensaje de Pablo en Asia y en Europa (17:3, 31; 23:6; 24:15,21). Pablo les estaba presentando la teología de la promesa cumplida.
Nuestras doce tribus. Del griego dodekaphylon. Aunque en el momento que Pablo se refirió a las doce tribus, estas se encontraban dispersas, pues de la cautividad no habían regresado todas. El apóstol con ese celo nacionalista, hace referencia a ese cordón de grana, por así decirle a la esperanza mesiánica, que había mantenido todo el pueblo judío a lo largo de su historia, aun las tribus dispersas que menciona (Stg 1:1; Mt 19:28; Lc 22:30; Ap 7:4-8; 21:12) Todas las tribus de Israel esperaban ese glorioso momento: la venida del redentor de Israel. Y añade “de día y de noche”, queriendo decir que toda la nación de Israel adoraba y adora, fervorosamente y constantemente a Dios, esperando que cumpla la promesa de enviar al Mesías que restaurará a Israel.