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HECHOS CAPÍTULO 19 - Pablo en Éfeso, Hch 19:1-22

Hechos 19:1-7
“Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan.  Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban. Eran por todos unos doce hombres.”


Mientras que Apolos estaba enseñando en Corinto, Pablo recorrió nuevamente la región de Galacia y llegó a Éfeso. Se entiende que Pablo rápidamente buscó a los creyentes de la localidad para integrarse con ellos, por lo que se relacionó con un grupo de doce discípulos, que algunos piensan -por la respuesta que dieron- habían sido discípulos de Juan. Existen por lo menos dos fundamentos que apoyan la idea que no fue el caso. El primero es que al analizar las referencias de Lucas en el libro de los Hechos, se observa que cuando él utilizaba la palabra “discípulos”, siempre se refería a discípulos de Jesucristo. Otro fundamento para esta proposición es que Apolos ya había estado enseñando en Éfeso antes que Pablo llegase, pero tenía lagunas en su doctrina sobre el Espíritu Santo. Fue hasta un tiempo después que Aquila y Priscila lo escucharon y lo tomaron aparte para explicarle con mayor precisión la doctrina completa (Hch 18:24-26). Dado el contexto se puede suponer que estos discípulos fueron también enseñados por Apolos.

Con base a esto, se descarta la creencia de algunos que estos discípulos todavía no eran salvos. Las evidencias bíblicas nos llevan a concluir que estos discípulos ya habían creído y aceptado la obra redentora del Cordero de Dios. Por lo cual se comprende que Pablo no les estaba preguntando sobre la obra regeneradora del Espíritu Santo, sino más bien su pregunta tenía otra fuerte razón.

Posterior a esta aclaración, se puede deducir que al hablar o interactuar con ellos, él percibió que les faltaba algo. La pregunta que les hizo fue: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? , lo cual indica que observó la ausencia de distintivos característicos de creyentes llenos del Espíritu Santo. Y según el libro de los Hechos, la llenura del Espíritu Santo era algo natural para los creyentes del primer siglo. Es por esto que Pablo resaltó su necesidad y los guió a disfrutar la segunda experiencia más poderosa en sus vidas, el bautismo con el Espíritu Santo.

Al analizar el final de esta pregunta controversial, observamos que la versión Reina-Valera la traduce del griego como “cuando creísteis”, pero otras versiones como la New King James en Inglés, traduce con mayor precisión: “después de haber creído”. Con esta pregunta, se estaba enfatizando que existía una experiencia con el Espíritu Santo posterior a la salvación y esto era un derramamiento sobre todos aquellos que habían creído, semejante al que ocurrió el día de Pentecostés (Hch 2:4) unos veinticinco años antes. El en foque de esta pregunta no era si el Espíritu Santo ya moraba en ellos, eso ya era claro para Pablo, sino más bien si ya se había manifestado con poder por medio del bautismo, con la evidencia inicial de hablar en otras lenguas.

Al escuchar la respuesta de ellos, Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo, Pablo con precisión les explicó sobre su fe en Cristo y sobre el bautismo, para que no quedara duda en su fundamento doctrinal. Posterior a la enseñanza de Pablo, el grupo recibe la llenura del Espíritu Santo y los doce hablaron en lenguas y profetizaron. Esta experiencia manifiesta del poder de Dios en sus vidas dio testimonio de lo que Pablo estaba preguntando y era necesario para todo creyente.

Nota Doctrinales

En Hechos 19:6 se recalcan dos grandes verdades que se deben entender correctamente:
La primera: en la expresión: “Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús”. Los judíos estaban familiarizados con el rito del bautismo y sobre todo con el conocimiento del Padre (Jehová Dios: Jehová Eloim, (Génesis 2:4), pero no con Jesús, como Mesías. Al aceptar bautizarse en Hechos 2: 38,41 bajo el mandato de Pedro, “en el nombre de Jesucristo”, estaban aceptando totalmente la nueva doctrina.

Es muy seguro que al bautizar a esos tres mil, usaron la fórmula bautismal instituida por Jesús en Mateo 28: 19 “ bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” . Fórmula que los millones de creyentes trinitarios han usado a través de los siglos.

La segunda ya fue explicada, pero además deben notarse tres enseñanzas en la porción: “Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban”.
• “Habiéndoles impuesto Pablo las manos”. Es una de las 3 maneras que se muestran en el libro de los Hechos, sobre la acción humana que ocasiona que el glorioso Espíritu Santo pueda derramarse (Hch 8:17 con Pedro y 19:6 con Pedro).
• Las otras dos se observan en Hechos 2:4 y 4:31 “cuando oraron”
• La tercera en el caso de Pedro “predicando” en la casa de Cornelio (10:44).
• Pudiera agregarse una cuarta manera, que se ha observado en muchas congregaciones pentecostales en este tiempo: “cuando alaban unánimes juntas”
• Debe agregarse algo importante: el bautismo en agua no es un requisito absoluto para ser lleno del Espíritu Santo, ni tampoco que al bautizarse en agua venga el bautismo en el Espíritu Santo, como una consecuencia automática.

Para Meditar

millones de creyentes hoy en día, aún dentro de la esfera pentecostal, a la par de los doce discípulos de Éfeso, pudieran decir: “Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo”. La respuesta de los creyentes efesios no quiere decir que nunca habían oído acerca del Espíritu Santo, pues conocían las enseñanzas del Antiguo Testamento y sin duda también habían oído de la enseñanza de Juan sobre que Jesús iba a bautizar “con Espíritu santo y fuego” (Lc 3:16), pero sencillamente no habían visto esa experiencia, como tristemente pasa en muchas congregaciones en este tiempo. Llenura plena, presupone plena consagración.

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