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Pablo en Éfeso, Hch 19:1-22

Hechos 19:8-12
“Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios.  Pero endureciéndose algunos y no creyendo, maldiciendo el Camino delante de la multitud, se apartó Pablo de ellos y separó a los discípulos, discutiendo cada día en la escuela de uno llamado Tiranno. Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús. Y hacía Dios milagros extraordinarios por mano de Pablo, de tal manera que aún se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían.”


Al establecerse en Éfeso, Pablo inició su ministerio enseñando en la sinagoga por un período de tres meses sin contratiempos u oposición, pero muy pronto se levantaron los judíos contrarios. Cuando llegó a la conclusión que la oposición se convirtió en una obstrucción para que la Palabra se siguiera propagando, decidió apartarse de la sinagoga y buscar un espacio más adecuado para el discipulado de los nuevos discípulos.

Pablo trasladó su centro de operaciones al salón de conferencias de la escuela de Tiranno y es aquí en donde encontramos una gema didáctica que también aparece en el versículo uno de este mismo capítulo, “discutiendo”. No solo utilizó el discurso o la predicación, como comúnmente se practicaba, sino que también incluyó el método de la discusión para la enseñanza de las Escrituras. En este pasaje Pablo muestra su conciencia de la importancia de la asimilación de la Palabra. Deja una muestra magistral de la necesidad de la participación del oyente en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Por lo resultados, se podría concluir que Dios utilizó este método para propagar efectivamente el evangelio a toda Asia. La enseñanza sistemática de la Palabra y los “milagros extraordinarios” que Dios obraba por medio de la vida de Pablo, hicieron que sus primeros dos años de ministerio en Éfeso fueran contundentes.

Dios obraba con tanto poder por medio de Pablo, que los creyentes entraban a la sala de conferencias para tomar los pañuelos que él utilizaba para limpiarse el sudor y los delantales de su cuerpo. Posteriormente se los llevaban y los ponían sobre los enfermos para ser sanados. Lo impresionante de este hecho es que por gracia y soberanía de Dios, los enfermos sanaban y los que poseían espíritus malos eran liberados.

Nota Doctrinal

los creyentes pentecostales en el presente tiempo, además de experimentar la llenura del Santo Espíritu, han sido testigos de innumerables sanidades. Las Asambleas de Dios dedican un capítulo en su Declaración de Fe para establecer su creencia en la sanidad divina, afirmando entre otros puntos que “las manifestaciones sobrenaturales como las sanidades y los milagros, no solamente fueron para la iglesia primitiva, sino para nuestros tiempos” y también que “las sanidades provienen únicamente de la gracia de Jesús, otorgada al hombre, a través de su sacrificio en la cruz”.Lo profetizado por Isaías en el 53:4,5 acerca de Jesús, sigue vigente para todas las edades: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores… y por su llaga fuimos nosotros curados”.

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