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Pablo en la isla de Malta, Hch 28:1-10

Hechos 28:3-6
“Entonces, habiendo recogido Pablo algunas ramas secas, las echó al fuego; y una víbora, huyendo del calor, se le prendió en la mano. 4Cuando los naturales vieron la víbora colgando de su mano, se decían unos a otros: Ciertamente este hombre es homicida, a quien, escapado del mar, la justicia no deja vivir. 5Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño padeció. 6Ellos estaban esperando que él se hinchase, o cayese muerto de repente; mas habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, cambiaron de parecer y dijeron que era un dios. ”


En esta porción textual, Lucas retrató las cualidades de Pablo como un hombre práctico y humilde, ante la necesidad de sus compañeros en la adversidad, se puso en acción al igual que los demás acumulando leña seca para la fogata y ayudarse a conservar la temperatura corporal y así contrarrestar al frío provocado por la lluvia. Luego de que el apóstol estuvo cooperando recogiendo ramas secas, (systrepsantos: acumulando por tiempo prolongado…), para mantener vivo el fuego, una víbora (echidna: víbora venenosa) se le prendió de la mano, en reacción Pablo se la sacudió y la echo al fuego. En ese momento los fenicios comentaron entre sí lo que pensaban acerca de Pablo creyendo que era uno de los delincuentes que habían llegado a la playa.

Pensaban que seguramente su diosa de la justicia estaba juicio a ese hombre , que no había muerto por el naufragio, pero que ahora moriría por el veneno inyectado por la serpiente. Sin embargo, la providencia divina no permitió que Pablo mostrara algún síntoma físico de la mordedura del reptil. Pensaron que iba a empezar con fiebre o hinchazón y que finalmente moriría. De manera ansiosa susurrando entre sí los testigos del incidente esperaron por un lapso largo de tiempo. Entonces, al no mostrar Pablo algún indicio de envenenamiento, cambiaron de parecer y pensaron que era un dios, al estar salvando su vida milagrosamente. Sin embargo, el apóstol no respondió al comentario, se comportó igual que en el suceso en Listra ciudad de Licaonia, cuando junto con Bernabé, los confundieron con dioses y les ofrecieron ofrendas de toros con guirlandas, creyendo que eran Júpiter y Mercurio dioses romanos, que habían bajado a la tierra (Lc. 14:12).

El apóstol Pablo iba en dirección a Roma para apelar su inocencia ante las cortes del Cesar. Cierto que viajaba en calidad de preso, pero delante del Señor Soberano era inocente, ya que estaba obedeciendo el mandato dado por Jesús de anunciar su evangelio. En vista de que obedecía al Señor, en todo peligro de muerte el Señor lo libraría. En esta ocasión fue enfrentar el veneno de una serpiente, para que se cumpliera también la promesa de Jesús hecha en Marcos 16:17,18 de que señales seguirán a los que creen, además de hablar nuevas lenguas…tomarán en las manos serpientes… y no les harán daño.

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